Pedagogía y pornografía
Cómo fomentar un comportamiento autodidacta

Tu nombre es el comienzo de un cuento

Hola, amigas y amigos de Gestionando hijos. ¡Gracias por acompañarnos! A partir de este domingo voy a compartir con vosotros un artículo de opinión, de ideas. Espero que estas líneas sean un espacio en el que también podamos escuchar vuestras propuestas, comentarios. Esta primera semana empezamos con un cuento.

Érase una vez un padre que reunió a sus tres hijos, David de 13 años, Alfonso de 9, Blanca de 6 para contarles un cuento. El padre tenía el semblante serio y sereno. Los niños escuchaban expectantes.

“Hijos, os voy a contar un cuento sobre el que quiero que pensemos juntos y cada uno exponga lo que siente”.

  • ¡Qué bien, papá! nunca nos cuentas cuentos a los tres juntos, ¡estoy muy contenta! exclamó Blanca, la pequeña.

El padre y los hermanos rieron y besaron cariñosamente a la revoltosa de la casa.

“Érase una vez dos mamás que querían mucho a sus hijos y como les ocurre a todas las mamás les gustaba estar mucho con ellos. Una semana decidieron irse de viaje a un país que se llama Níger, que está en África, para ir a ver a otras familias que vivían con poca comida, con muchas enfermedades y pocos médicos. Querían ayudar a esos niños que estaban tan desprotegidos y que necesitaban urgentemente cosas que para nosotros son muy normales: vacunas, algo para protegerse de los mosquitos que allí matan, jabón y guantes para que los médicos que atienden a las mamás que tienen a sus hijos no provoquen infecciones que matan a los bebés recién nacidos”

  • ¿Pero esta es una historia real o te la estás inventando? – preguntó curioso David.
  • Es una historia real, triste y al tiempo muy bonita, esperanzadora – contestó el padre.
  • Pobres mamás que ven a sus hijos morir – dijo Alfonso mientras Blanca miraba a sus hermanos, algo asustada.

“Las dos mamás de este cuento son una pediatra que se llama Lucía y una farmacéutica que se llama Marián. Las dos son, además, dos mamás muy conocidas porque escriben y cuentan cosas que son muy interesantes para otras mamás y papás que las siguen a través de Internet, de sus libros, de la tele, de la radio”.

  • Entonces, ¿Son muy famosas y muy ricas? – interrumpió Blanca.
  • Podríamos decir que son muy queridas por toda esa gente que las admiran porque comparten lo que saben con mucho cariño y amor – dijo el padre, mirando con ternura a su “chupete rosa”, como él solía llamarla.

“Lucía y Marián se fueron a ese país tan pobre para conseguir que todas esas personas que las quieren y admiran pararan un momento, que dejaran sus prisas a un lado y pensaran sobre lo que ocurre a las mamás, papás y niños de allí y que nosotros, los que estamos aquí, que tenemos comida, vacunas, médicos podemos ayudar a solucionar”.

  • ¿Pero exactamente, qué es lo que ocurre? – preguntó inquieto David

“Pues ocurre algo terrible. Cuando no hay vacunas, cuando no hay jabón y guantes en el parto, cuando no pueden protegerles de los mosquitos  …. “ – el padre estaba enrabietado con la terrible realidad que ahora creía necesario transmitir a sus hijos y tuvo que parar de hablar porque sentía ganas de llorar- “…muchos niños” – continuó con la voz trémula –  “mueren muy pronto porque están indefensos y no pueden sobrevivir a esas enfermedades que aquí ni siquiera existen”.

Una lágrima, dos, tres… caían por la mejilla del padre. Los tres niños acudieron a su lado y le pidieron que, por favor, no llorara, al tiempo que ellos también empezaron a llorar silenciosa, reflexivamente.

“Son tantas mamás y papás los que pierden a sus hijos que no les ponen un nombre hasta que han pasado unos días. Lo que os he contado hasta ahora es muy triste, lo siento chicos. Pero ahora quiero contaros la parte más alegre y esperanzadora del cuento y en la que creo que nosotros y mamá podemos participar”.

  • Yo quiero hacer lo que sea por esos niños, los quiero mucho, mucho, mucho – dijo Blanca. Su padre rió y lloró al mismo tiempo, mientras abrazaba y levantaba a su hija por los aires. Seguro que como madre o padre has tenido la oportunidad de saborear algún momento como ese, cuando tus hijos te hacen llorar y reír al tiempo con su ingenuidad y bondad.

El padre respiró hondo, se secó las lágrimas y sonrió.

“ Lucía y Marian se fueron a ese país, Niger, con la idea que muchas personas donaran dinero para poder comprar vacunas, mosquiteras, guantes, jabón para que así las niñas y niños pudieran vivir sus primeros días de vida – cuando son más débiles e indefensos – y le pusieron un nombre a esa acción para que todo el mundo se enterara #RetoUnNombreUnaVida. Les dijeron a todo ese montón de gente que las quiere que dieran dinero para poder comprar esas cosas. Les explicaron que con solo tres euros y treinta y siete céntimos puedes comprar lo que necesita un bebé recién nacido para protegerle de las enfermedades que le atacan en esos primeros días”.

  • ¡Qué ideón! dijo Alfonso, el mediano. ¡Son unas crack, unas genios!
  • Papá, me voy a la hucha, lo voy a dar todo.Yo tengo mucho más que eso y no soy más que una niña muy pequeña – dijo Blanca.
  • Espera hija, ahora hablamos de eso.

“Lucía y Marian han conseguido tanto dinero que pueden comprar para que más de 34 mil niños tengan toda esa protección. Acaban de volver de Níger y hay mucha gente que sigue donando su dinero para que los médicos, los hospitales puedan cuidar a esos niños”.

  • Papá, nos tenemos que sumar – dijo muy serio Alfonso.
  • Tienes toda la razón, empecemos ahora mismo con nuestro dinero y contemos esta historia a todos nuestros amigos. Vamos los tres juntos y seguro que muchos de ellos y sus padres van a apoyar a Lucía y Marian- planeó David.
  • Y yo doy todo lo de mi hucha y te pido prestado dinero para salvar a más niños y te prometo que te lo devuelvo, papá – anunció Blanca.

“Hijos, sois geniales, os quiero un montón. Yo quería que habláramos y pensáramos, pero vosotros os habéis puesto ya en marcha que es lo que todos esos niños necesitan. Gracias a Lucía y Marian nosotros también vamos a ayudar y vamos a intentar no olvidar nunca a esos niños y a otros que también sufren”.

  • ¡Viva Lucía y Marian! Dijeron los tres.
  • ¿Tú las conoces, papá? – preguntó Blanca.
  • Sí- dijo. – Son espectaculares –
  • ¿De guapas? ¿no se lo debo decir a mamá, no?
  • También – rió – son guapa por fuera, pero son sobre todo muy, muy, muy guapas, requeteguapas por dentro.

 

@Lucíapediatra  (la Dra. Lucía Galán, Lucía, mi pediatra) y @boticariagarcia (Marian García) han viajado a Níger con Unicef para contarnos lo que no vemos, pero debemos ver y saber. Para conmovernos y movernos. Para ayudarnos a reflexionar. Para contarles cuentos a nuestros hijos que les inunden de realidad, de belleza, de compasión, que les hagan más y mejores personas. Más sensibles, más generosos, más educados, más ciudadanos, más felices. Para que sepan que cada nombre, sus nombres, son el comienzo de un cuento.

Si quieres saber más sobre su viaje y lo que estas dos mujeres han conseguido te propongo que visites https://www.unicef.es/reto-niger, las sigas en redes sociales (seguro que muchos lo hacéis ya) y consideres la posibilidad de colaborar.

Queridas Lucía y Marián: os admiro, os quiero.

Si mis hijos fueran más pequeños me hubiera gustado contarles este cuento que ahora les envío para que lo lean. Sus nombres no los he cambiado.

Sobre el autor

Leo Farache
Leo Farache
Nacido en Madrid, ya no cumplirá los 50 años (es de la añada del 63). Su vida profesional ha estado ligada al mundo de la comunicación, gestión, marketing. Ha dirigido algunas empresas y escrito dos libros (“Los diez pecados capitales del jefe” y “Gestionando adolescentes” Ejerce de profesor – lo ha sido de la Universidad Carlos III y de la UAM, actualmente da clases en ESAN (Lima) y ofrece conferencias – “una profesión que nos tenemos que tomar todos más en serio”. Es padre de tres hijos y ha encontrado en la educación su elemento. Quiere hacer lo posible por contribuir a mejorar la sociedad educativa. Da las gracias a Carmen por inspirarle en buscar nuevos rumbos para su vida, a Carmen (otra Carmen) por ayudarle en desarrollarlos y a su mujer, Virginia, por ser, entre otras muchas buenas cosas, tan generosa (“y aguantarme”)

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