Cómo proteger a nuestros hijos de la violencia, entrevista a Pepa Horno por UNICEF

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Cómo proteger a nuestros hijos de la violencia, entrevista a Pepa Horno por UNICEF

proteger a niños de la violencia

Compartimos un vídeo que os hará reflexionar mucho sobre la tarea de educar y proteger a nuestros hijos de la violencia. Una entrevista de 40 minutos para degustar despacio y tomar apuntes. Pepa Horno habla con Aída, de UNICEF, sobre las claves para prevenir que nuestros hijos sufran o ejerzan violencia. Y Pepa habla de la ternura («es la mayor prevención de la violencia»), aborda la violencia emocional y subraya, por paradójico que pueda parecer, que «la protección no es controlar el entorno del niño, va de salir, va de arriesgarse, va de poner a prueba tus propias capacidades, va de aprender a pedir ayuda». Aquí compartimos un resumen de las palabras textuales de esta experta en infancia de Espirales CI, porque no podemos añadir ni una coma. 

Pepa cuenta que «según el Instituto Nacional de Estadística solo en 2016 han muerto por homicidio  17 niños y se han suicidado 70. Cuando yo veo esas cifras pienso: “¿Dónde estábamos nosotros mientras tanto?”. Ese sistema que genera valores, que quiere proteger a los niños, ¿en dónde estábamos? Mirando para otro lado. El 80% de los casos de violencia ocurren en el entorno conocido, especialmente en la familia».

Claves para prevenir la violencia en los niños

Pepa propone las siguientes claves (recogemos sus palabras):

  1. «La primera es la ternura. Es la mayor prevención de la violencia. En la medida en que yo enseño al niño o niña a relacionarse de una manera afectiva, cálida y cercana con los demás eso hace imposible la violencia. Los niños que son maltratados en su familia tienen el daño de que la violencia y la ternura en ellos van juntos y eso es imposible de integrar. En la medida en que yo promuevo la ternura (de mí hacia mi hijo, de mi hijo hacia otras personas, la ternura como forma de relacionarme en mi familia) estoy previniendo que mi hijo o hija pueda agredir a otras personas.
  2. La segunda clave es la comunicación. La única manera de saber lo que les pasa a mis hijos e hijas es conseguir que me lo cuenten, porque yo no puedo controlar los espacios en los que viven, no puedo estar en el colegio a todas horas. Mi control en la adolescencia va a ser nulo. Así que lo mejor es establecer unos cauces de comunicación de manera que cuando vivan algo o les pase algo o les preocupe algo vengan y me lo cuenten. He tenido que generar un clima en mi casa en el cual se hable de estas cosas, ni desde el alarmismo ni desde la negación. Cuando a mí me duele algo lo cuento, de una manera abierta y cálida.
  3. La tercera clave es generar redes. La gente tiene que poder pedir ayuda. Tengo que tener a quien pedir ayuda. Así que este es un trabajo de las familias, el generar redes, que los niños tengan a su alrededor gente que los acompañe.

En la medida en que inculcamos al niño una visión alarmista del mundo como un lugar en el que la gente te va a hacer daño, estamos poniendo en riesgo a nuestros hijos de sufrir violencia. Lo que les fortalece es confiar en los demás, porque habrá gente que les haga daño pero al lado habrá alguien que los podrá ayudar si ellos son capaces de decirlo y así se parará.

En cualquier dinámica de la violencia, el agresor va a intentar hacer que el niño se calle. Por eso hay que insistir en que por muy malo que sea lo que te esté pasando va a ser peor si no lo cuentas.

Si queremos construir una sociedad sin violencia hacia los niños, Pepa nos ofrece estas claves:

  1. La sociedad tiene que dejar de mirar para otro lado.
  2. Generar redes, recuperar la comunidad, que es algo que estamos perdiendo.
  3. Generar entornos protectores, en los que la gente esté formada adecuadamente para atender los temas de violencia.
  4. Escucharlos. Escuchemos a los niños no como ciudadanos del futuro, sino como ciudadanos que están viviendo aquí y ahora y que tienen sus derechos, también el de opinar sobre cómo quieren vivir».

 

Claves para proteger a un niño contra la violencia

“La fortaleza emocional es la base de la protección, la protección no consiste en controlar el entorno del niño. La protección se basa en dar al niño la fortaleza emocional como para detectar el peligro y saber pedir ayuda. Esa fortaleza nunca la va a conseguir si se queda escondido, siempre dependiente, siempre bajo el amparo de sus padres. Esta es una paradoja: la protección va de salir, va de arriesgarse, va de poner a prueba tus propias capacidades, va de aprender a pedir ayuda”.

En vez de decir al niño constantemente que sea fuerte y se defienda solo o quédate conmigo, ten cuidado, no hagas, no vayas… En vez de decirle ten cuidado, hay que decirle pide ayuda. Pero claro, para enseñar al niño a pedir ayuda el primero que tiene que pedirla soy yo».

«A nosotros no nos han enseñado a pedir ayuda, nos han enseñado a defendernos, a ocultar nuestras debilidades, a no mostrar que estábamos mal o que teníamos miedo. La base de la protección es que los niños conecten con lo que sienten para que cuando tengan miedo puedan conectar con eso, sentirlo y pedir ayuda».

«Es muy bonito darte cuenta de que la base de la protección es el reconocimiento de la vulnerabilidad. Porque cuando te reconoces vulnerable pides ayuda”.

Cómo podemos detectar la violencia

“La detección de la violencia es muy fácil y complicada al mismo tiempo. Pero hay una clave: cuando un niño está siendo víctima de violencia su conducta cambia a todos los niveles. Un niño que controlaba esfínteres deja de controlar, un niño que comía bien empieza a comer mal, un niño que le gustaba ir al colegio deja de querer ir al colegio, un niño que se movía mucho deja de moverse. El trauma que causa el daño de la violencia en el niño se manifiesta en su conducta. La clave es si alrededor de ese niño hay adultos capaces de ver ese cambio de conducta. ¿Cómo lo puedo ver? Si estoy presente, si conozco bien a mi hijo como para detectar ese cambio. Esto nos pasa muchas veces: los indicadores han aparecido mucho antes pero los educadores o la gente se dan cuenta cuando ya es de una gravedad extrema. Yo no puedo proteger a mi hijo si no estoy presente en su vida”.

La violencia emocional, la más extendida

«La violencia emocional está tan arraigada en las relaciones que ni siquiera la vemos como tal». Y se manifiesta, nos dice Pepa, de diferentes formas: 

  1. «La culpabilización: con lo que yo he hecho por ti, con lo que me he sacrificado, deberías…
  2. El chantaje: Si haces esto te doy lo otro, tienes que ser bueno.
  3. La manipulación, el engaño».

«Hay una cantidad de formas de violencia emocional que forman parte de nuestras relaciones que las incorporamos e interiorizamos de una manera tan natural que cuando se llevan a otras relaciones como amigos o relaciones de pareja entre adolescentes las ven como normales. El indicador que sale de que la adolescente ven como normal que un chico le controle el teléfono nos hace pensar cuántas veces su madre le ha controlado para saber dónde estaba, a dónde iba… Cuántos adultos cuando se van de viaje llaman a su madre para decir cómo han llegado, cuándo llegan al hotel, cómo es la habitación, cómo han dormido»…

Cómo combatimos la violencia escolar

Nos cuenta Pepa que «las intervenciones que se han demostrado más exitosas son las que tienen que ver con los testigos. Solo cuando los que están alrededor aíslan al agresor o agresora, deja de agredir». Pero no habla Pepa de aislar como marginar o excluir, sino «a que cuando ese niño o niña ejerce la violencia el grupo no lo permite. La base de la intervención es trabajar con los testigos para que nadie vuelva la cara, para que todo el mundo, adultos y niños, cuando hay una situación de peligro o de violencia, intervengan.».

Otra de las claves parece ser no etiquetar: «Nadie es agresor o víctima, uno agrede en un determinado momento y uno es víctima en un determinado momento. Es importante para el tratamiento de las víctimas  decirle que no es una víctima, sino que alguien le agredió en un determinado momento pero eso no te convierte en víctima. Del mismo modo, un chico o una chica puede cometer una agresión  y eso no le convierte en un agresor».

«Otra de las claves es generar entornos protectores: siempre va a haber personas que quieran agredir a niños, pero la cuestión es generar un entorno en el que aunque quieran no puedan hacerlo. Es una responsabilidad institucional y organizacional».

Colectivos en riesgo de ejercer violencia hacia los niños

“No hay un perfil de niño agresor, por eso es importante generar esos entornos de protección. Sí que hay colectivos de riesgo:

  • Tenemos un problema claro en España con la salud mental infanto-juvenil. Es una dimensión que no se está abordando. La psiquiatría infanto-juvenil no existe como tal en varias comunidades autónomas. Las carreras de Psicología, Trabajo Social, Educación, Medicina no tienen dentro de su currículo el tema de maltrato o de violencia. Los médicos, que verán casos de violencia por pura estadística, no lo ven en su formación. Tenemos un sistema de salud mental absolutamente sobrecargado y falto de recursos. Hay muchos chavales con problemas de salud mental que no están siendo atendidos ni diagnosticados ni tratados con terapia, que es como se solucionan estos temas, sino medicados
  • Hay una historia de trauma detrás que no ha sido abordada. En un estudio se vio que el 90% de los niños que han cometido delitos han vivido más de 11 traumas en su vida: el 30% han visto asesinar alguien de su familia, el 36% han sido violados y el 92% han sido testigos de violencia de una manera sistemática. Si no atendemos esto, esto es otra población en riesgo de manifestar el trauma que tienen en forma de daño a otras personas.
  • Estamos tardando en la intervención. Las problemáticas con las que llegan los niños al sistema de protección en los últimos años son mucho más graves, porque la intervención es mucho más tardía porque se intenta preservar el núcleo familiar mucho más.

Con estos tres elementos, tienes la explicación de las agresiones cometidas por chicos y chicas”.

 

En nuestro espacio estamos muy comprometidos con la erradicación de la violencia que sufren los niños y adolescentes. Si quieres leer más sobre el tema, visita estos posts:

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Sobre el autor

Elena Couceiro
Elena Couceiro
Soy periodista y madre de dos niños agotadores y maravillosos. Me apasionan la comunicación y la educación y por eso me ilusiona especialmente formar parte de este maravilloso proyecto. Soy de las que piensa que para educar hace falta una red de apoyo, que la educación no debería ser un acto individualista, sino que debería situarse en el centro de la vida social, para construir una sociedad más humana y solidaria.