7 propósitos para la nueva normalidad

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7 propósitos para la nueva normalidad

Estos meses que dejamos atrás nos han marcado y, por supuesto, marcarán la «nueva normalidad». Hemos tenido tiempo para reflexionar, para frenar el ritmo trepidante que llevábamos, para pasar tiempo en familia, para echar de menos, para reinventarnos, para aprender… Pero ahora ya empezamos a ver la luz al final del confinamiento, las calles han vuelto a ver vida (aunque con reglas distintas a las anteriores, como las mascarillas) y poco a poco vamos adentrándonos en la famosa “nueva normalidad”. Y como en todo inicio de etapa, marcarse nuevos objetivos es fundamental, más aún con todo lo que hemos aprendido durante este confinamiento.

Por eso os traemos esta lista con 7 propósitos que deberíamos tener en mente para la nueva normalidad:

1. No ir siempre con prisas

Como os explicábamos en este artículo, una de las primeras cosas que nos dimos cuenta al tener que parar en seco fue lo rápido que íbamos siempre en nuestra vida diaria. Las prisas eran nuestras fieles compañeras y, en consecuencia, tendíamos a no respetar los tiempos de nuestros hijos. Por eso debemos marcarnos como objetivo intentar que las prisas no marquen nuestro día a día, tener en cuenta que nuestros hijos pueden tardar más en hacer ciertas cosas y, por eso, debemos calcular los tiempos en función del tiempo que necesitan nuestros hijos y no en función del que creemos los adultos.

2. Fomentar el juego al aire libre de nuestros hijos

Haber estado encerrados en casa durante este tiempo nos ha hecho apreciar mucho más el valor de disfrutar del aire libre. Por eso, cuando todo esto pase, tenemos que recordar esto y fomentar que nuestros hijos jueguen y aprendan al aire libre. En un artículo de nuestro blog, la experta en innovación educativa, Heike Freire, apuntaba que “el contacto con la naturaleza es fundamental para la salud de nuestros hijos”. También destacaba algunos beneficios: “El contacto con la naturaleza y el movimiento al aire libre es una prevención para la obesidad, para los trastornos de comportamiento, incluso para la dislexia, porque trabajar la inteligencia espacial a través de actividades que realizan los niños espontáneamente en la naturaleza, como explorar un espacio, es fundamental para desarrollar la inteligencia matemática o el lenguaje”.

3. Desarrollar su inteligencia emocional como escudo protector ante la adversidad

No sabemos si en el futuro nuestros hijos e hijas tendrán que volver a enfrentarse a una coyuntura tan complicada como la actual, lo que es seguro es que no vamos a poder evitar es que pasen por circunstancias difíciles. Por ello, está en nuestras manos, madres y padres, dotarles de herramientas que les sirvan para afrontar las adversidades y la imprevisibilidad de la vida.

Entre estas herramientas, el desarrollo de la inteligencia emocional deviene indispensable, pues esto les ayudará a desarrollar su autonomía, su resiliencia (la capacidad de adaptarse y sobreponerse ante situaciones complicadas), a entender qué emociones están sintiendo y canalizarlas de la mejor forma posible.

4. Pasar tiempo de calidad en familia

Otra de las grandes conclusiones que extraemos de esta temporada encerrados es que, con las prisas de antes, muchos de nosotros no pasábamos suficiente tiempo de calidad con nuestros hijos e hijas. El haber estado encerrados las 24 horas juntos, haber charlado, jugado, incluso habernos peleado, todos los momentos que hemos pasado nos han hecho valorar más lo bonito y valioso que es pasar tiempo de calidad en familia.

5. Iniciar la desescalada tecnológica

Durante este confinamiento hemos relajado las medidas respecto al uso de las tecnologías, pues necesitábamos usarlas para tener contacto social con nuestros familiares y seres queridos, para que los niños “siguieran” con las clases desde casa, para entretenernos ante tantas horas que tenían los días… Pero al igual que poco a poco vamos retomando costumbres de la “normalidad” a medida que avanzamos en la desescalada, también tenemos que hacer lo propio en cuanto a las reglas de uso de la tecnología. No podemos olvidar que un mal uso de las mismas puede tener consecuencias en el cerebro de los niños, puede derivar en adicciones, afectar a su capacidad de atención, y tantísimos otros efectos adversos.

Por eso el uso responsable de los dispositivos digitales en la nueva normalidad empieza por llevar a cabo también esa desescalada tecnológica en familia.  

6. Valorar menos lo material

Cuando empezaba la pandemia nos preguntábamos cómo seríamos como sociedad cuando todo acabara, cómo nos habríamos transformado. Muchas de las reflexiones apuntaban hacia una mayor valoración de lo social, de lo comunitario, de lo público, del nosotros por encima del yo. A medida que fueron pasando los días de la cuarentena, muchas de estas esperanzas para mucha gente se fueron disipando. En cambio, debemos ser optimistas, debemos acordarnos de todo lo que hemos aprendido en este tiempo y aplicarlo en nuestra nueva normalidad. No valorar tanto lo material y tener más en cuenta, como hemos dicho antes, el tiempo de calidad en familia, con amigos, en la naturaleza… Un gran aprendizaje que podemos sacar de todo lo que hemos vivido.

7. Observar más a nuestros hijos, aprender de ellos

Y otra de las lecciones que nos llevamos, sin duda, de este confinamiento, ¡nuestros hijos son una caja de sorpresas! En realidad ya lo sabíamos, antes de todo esto también aprendíamos de ellos un poquito cada día, pero puede que durante la cuarentena nos hayamos dado aún más cuenta de ello. Observar a nuestros hijos e hijas no solo es fuente de aprendizaje, sino también de inspiración, de motivación, de alegría, de curiosidad, de esperanza… No nos olvidemos de esto al recuperar nuestras rutinas.

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Sobre el autor

Marina Borràs
Marina Borràs
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política principalmente porque me apasiona escribir, siento la necesidad de hacer llegar a la gente temas que considero importantes y no consigo estar callada ni cuando duermo. Además, creo firmemente que el periodismo es educación y la educación es política, por eso entiendo estos tres ámbitos como piezas clave que deben ir entrelazadas para conseguir, entre todos, la mejora de nuestra sociedad.