Cómo poner límites a los niños, por Antonio Ortuño

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Cómo poner límites a los niños, por Antonio Ortuño

Cómo poner límites de manera respetuosa

Poner límites de manera respetuosa es esencial para el desarrollo de nuestros hijos. Los expertos nos lo han dicho muchas veces: sin límites, los niños están perdidos. Pero hay que saber cómo poner esos límites. Antonio Ortuño, psicólogo infanto-juvenil y terapeuta familiar, ofreció un webinar en directo para los lectores de Gestionando hijos y nos dio algunas herramientas interesantes.

Antonio explica lo que es educar de una manera muy gráfica. Él dice que es como caminar por la montaña. Si vas con tu familia a andar por la montaña, a veces te tienes que poner tú delante y decidir tú cuando hay situaciones de riesgo. Otras veces te tienes que poner al lado de tu hijo y llegar a acuerdos, tomar las decisiones de forma conjunta; y otras veces tienes que dejar a tus hijos que investiguen, que vayan por donde quieran. Pero deja claro que “siempre tiene que haber un campamento base, que nuestros hijos y nuestras hijas sepan que siempre pueden acudir y que estaremos disponibles, y donde van a tener cubiertas las necesidades”, explica Ortuño.

El círculo de control de nuestros hijos

“El bebé cuando nace no sabe tomar decisiones, es totalmente dependiente y las decisiones las toman los adultos por él. Su círculo de control es muy pequeño.

Antes de los dos años, nuestros hijos ya quieren tomar decisiones, y, como dice Antonio, “lo hacen de la forma más primitiva: ‘a lo que me digas, yo te digo que no’”, por ejemplo, con la comida, te dicen que no, a recoger los juguetes, o a lavarse los dientes. Aquí, su círculo de control va creciendo, “y crece tanto que se escapa de nuestra zona de control”, señala el experto.

Desde su experiencia, Ortuño dice que lo que hay que hacer es determinar qué decisiones y responsabilidades tienen los padres, y qué círculo de control tienen los niños (ese círculo va creciendo de manera progresiva), y cómo es la intersección de los dos círculos.

El objetivo de la educación es que sepa tomar decisiones, que sepa gestionar los conflictos, y ahí es donde aparecen los límites. Una cosa tenemos que tener clara, y es que dependiendo de cómo gestionemos los conflictos en casa, nuestros hijos aprenderán a gestionar sus conflictos en el presente y en el futuro.

El semáforo inteligente

¿Cuál es la mejor manera de educar? ¡Es la pregunta que nos hacemos todos! Antonio nos enseña su técnica del semáforo inteligente para educar y lo relaciona con la aristocracia, la democracia y la anarquía.

  • Semáforo inteligenteLa aristocracia: significa, “gobiernan los mejores”, las personas que están más cualificadas. En una familia, las madres y los padres son los que tienen los recursos para gobernar un hogar, los que pueden tomar las decisiones. Para enseñar a un hijo a gobernarse hay que gobernarle primero. Esto corresponde al semáforo rojo. “Aquí meteríamos todo aquello que vuestros hijos y vuestras hijas no tienen los recursos para tomar decisiones. Aquí se ejerce la autoridad empática, que es asumir la responsabilidad el adulto sin perder de vista el plano emocional”, dice Antonio. 
  • Democracia: quiere decir “gobierno del pueblo”. Una familia debe ser una democracia ya que las decisiones deben ser compartidas entre los padres y los hijos, hay que tener en cuenta la opinión de los niños. La democracia es el semáforo amarillo, “todo aquello que vuestros hijos pueden empezar a tomar decisiones, pero necesitan vuestra supervisión”. 
  • Anarquía: Significa “sin gobierno”. Pretende respetar la toma de decisiones de las personas, confiar en que saben gobernarse por sí mismas. El obejtivo es conseguir ciudadanos libres, responsables, autónomos, que sepan gestionar sus problemas sin depender de nada ni de nadie, es decir, que los hijos se autogobiernen. Esto tiene que ver con el semáforo verde. “Son las situaciones en las que ya no nos necesitan y tenemos que empezar a delegar responsabilidades”, subraya el experto.

En general, utilizamos estos tres modelos a diario. En determinadas situaciones intentamos que nuestros hijos asuman responsabilidades, en otras, seguimos tomando nosotros las decisiones; y en otras hemos asumido la responsabilidad con ellos, contando con ellos.

Poner límites de manera respetuosa

Las tres habilidades parentales (que desempeñamos siguiendo el semáforo) son, por tanto:

  • Decir que no
  • Negociar
  • Confianza

“La clave está en cómo lo hacemos para poner límites de manera respetuosa”, señala Antonio. Y para esto es fundamental que interioricemos lo siguiente:

  1. Todo empieza en el semáforo rojo, pero poco a poco hay que ir pasando al amarillo y, después, al verde.
  2. Al decir que no, se va a producir frustración y enfado en nuestro hijo, es algo natural, pero, como asegura Antonio, “no tenemos que entrar al trapo. Tenemos que explicar el porqué pero sin enfadarnos nosotros”. Debemos mantener la calma.
  3. Importantísimo: “atender a sus emociones. Tenemos que ser muy amables con sus emociones, porque no saben gestionarlas, hay que empezar a convencerles con la empatía: ‘Entiendo que quieras ver la tele, pero…’ Y ser muy coherentes entre lenguaje, pensamiento y conducta”, añade el psicólogo.
  4. Disminuir las contradicciones. Si dices que no es que no, tienes que ser firme. Si dices que no, tu hijo se enfada, te pide explicaciones y te dice cosas que te hacen sentir mal. Tú entras en una alteración emocional y cambias tu criterio, y el no pasa a ser un sí. Sin darnos cuenta, estamos mintiendo a nuestros hijos. Te genera desconfianza y falta de respeto”, explica.
  5. Cuando llega la negociación, hay que mantenerse firmes también. “Tú haces esto y yo hago lo otro”, llegar a acuerdos.
  6. No tirar la toalla. “Las técnicas en psicología no funcionan a la primera”, dice Antonio, pero hay que seguir, ser constantes y coherentes para conseguirlo.

Si quieres ver el webinar completo, te lo dejamos a continuación. Al final, Antonio contestó algunas de las preguntas de los espectadores. ¡Estuvo fenomenal!

Sobre el autor

Ana Nieto
Ana Nieto
De pequeña jugaba a las profesoras. Ponía a mis muñecas sentadas encima de la cama, una cartulina negra en la pared clavada con una chincheta y me convertía en la profe más guay del “colegio”. O eso me creía yo. Luego me hice periodista porque me gusta escribir y contar historias. Me interesan mucho los temas sociales, la educación, la igualdad de género y creo firmemente que entre todos podemos construir un mundo mejor (o al menos mejorar un poquito el nuestro).

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