Ponencia de Carmen Cabestany: «Tenemos que acabar con el acoso escolar»

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Ponencia de Carmen Cabestany: «Tenemos que acabar con el acoso escolar»

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¡Buenas noticias! Empezamos a colgar las ponencias de nuestro encuentro en Madrid en diciembre. Y empezamos denunciando, de la mano de Carmen Cabestany, secretaria de la Asociación NACE No al Acoso Escolar, esta lacra que afecta a uno de cada cuatro de nuestros niños. Carmen nos ofreció estadísticas y casos que nos horrorizaron, pero nos trajo también una buena noticia: con nuestros sentidos, con educación emocional, con sentido común y con compromiso (dando ejemplo ante injusticias) podremos acabar con el acoso escolar y construir una sociedad más sana.

Carmen Cabestany es profesora y secretaria de la Asociación NACE No al Acoso Escolar. Con firmeza y mucha sensibilidad denuncia una lacra que afecta, según sus estadísticas, a “dos millones de nuestros niños, un 26%. Entre el 5% y el 10% sufre acoso de alta intensidad”. Esa es la mala noticia que nos quería contar, pero la buena es que “en NACE hemos creado un sistema muy facilito para detectar, prevenir e intervenir en acoso escolar. Ese sistema tiene que ver precisamente con nuestros cinco sentidos”. Con la vista, nos contó Carmen, debemos debemos “mirar a nuestros hijos, ver más allá de lo aparente”, para ver si está sucediendo algo que tal vez se nos está escapando, como cambios de rutina, de carácter o incluso del material (llega con material roto, en el caso de niños acosados, o con material que no es suyo, en el caso de acosadores), deseo de no ir al cole y una postura del cuerpo que nos indica que o bien quieren ser invisibles (andan encorvados o cabizbajos) en el caso de acosados o son prepotentes (envalentonados y sacando pecho) en el caso de acosadores. También  es importante el olfato, para hacer caso de “la intuición de que algo pasa, mantener la calma y tener narices para tomar decisiones con serenidad y actuar”. Con el oído, “tenemos que escuchar y no solo oír a los chavales. A un niño acosado le cuesta mucho hablar: siente vergüenza, siente culpa, dolor, miedo y no quiere fallar a los padres, porque ellos nos sobreprotegen también. Nunca hay que ponerlo en duda y decirles que será alguna tontería”. Cuidado con hacer eso, porque podemos estar rompiendo el puente que nos une a nuestro hijo”. En cuanto a la acogida del acosador, “si tenemos contrastado que está agrediendo, no hagamos Carmen Cabestany ponencia 1concesiones”. Con el tacto, demostramos a nuestro hijo que estamos con él y le vamos a apoyar: “le damos seguridad y confianza. La mano también debe ser la mano que actúa”. A la hora de actuar, Carmen recomienda “hacerlo con serenidad y con ellos y no por ellos”, porque a veces los hijos tienen miedo de los numeritos que podemos montar en el colegio o, si lo hacemos sin serenidad, podremos ser considerados padres sobreprotectores exagerados. El tacto con el acosador se traduce en firmeza, en decirle: “No te lo voy a consentir porque haces daño, te lo haces a ti, se lo haces a tu familia y a la sociedad”. El gusto, nos dijo Carmen con gran ternura, “es el sabor del beso de un padre o una madre para transmitir todo el cariño al niño”. Además, la boca representa “ la comunicación con nuestros hijos. La buena comunicación es básica porque con ella vamos a poder prevenir e intervenir correctamente”.

Mención especial merece esa gran mayoría de niños que son espectadores del acoso. Carmen nos dijo que si nuestros hijos nos cuentan un caso de acoso en su cole “hay que enseñarles a ser solidarios, a ser empáticos, decirles: “Te puede pasar a ti también, protege a tu compañero o compañera y como sois muchos los espectadores, hablad con el acosador o acosadora y decidle que no lo vais a tolerar, porque si no vais a ponerlo en conocimiento de los profesores”.” En este punto, Carmen abogó por desterrar el término chivato, que tanto rechazo provoca en nuestros niños: “ser chivato no es eso, eso es ser solidario, actuar con sentido de la justicia”. Y también quiso dejar claro que para que nuestros hijos combatan el acoso debemos dar ejemplo: “Me atrevo a preguntar: ¿Qué hacemos los adultos cuando vemos que alguien atropella a otro? ¿Actuamos, nos ponemos de su lado, en el trabajo, en la familia, en la escalera de vecinos? Os digo esto porque si a nuestra hija o hijo le decimos que actúe pero nosotros no lo hacemos no nos van a hacer caso, porque no ejercemos influencia sobre ellos con la palabra, sino sobre todo mediante nuestros actos. Hemos de ser coherentes y practicar lo que le decimos a nuestros hijos”.

Carmen quiso leernos una carta que una madre de un niño con una discapacidad que estaba siendo acosado  escribió a los padres y madres de los compañeros de su hijo. En ella, la madre detalla el maltrato que sufre Felipe e interpela a los padres para que hablen de este tema con sus hijos: “Los actos de menosprecio pueden calar profundamente en nuestros hijos. Hoy es el mío pero le puede estar sucediendo a cualquiera. Esta carta es un acto para acercarnos a construir una sociedad más sana no solo para mi hijo sino para todos. Seguro que una conversación con tu hijo sobre el tema será de gran ayuda para Felipe y para todos. Debe primar el respeto y la valoración de nuestro ser por lo que somos como seres humanos”. Nos contaba Carmen que la madre consiguió la ayuda de esos padres y madres  gracias a la carta.

Carmen concluyó su intervención diciendo: “Deseo que hayáis comprendido que el acoso escolar es cosa de todos y que esta sociedad tiene que mojarse de alguna manera, tenemos que acabar con ello”.

En el turno de preguntas, Leo Farache, director de Gestionando Hijos, preguntó a Carmen qué definiría el acoso escolar. Y Carmen nos contó que se trata de “un maltrato entre iguales que permanece en el tiempo (es bastante grave que tengamos que esperar a recibir muchas bofetadas e insultos para que sea considerado acoso escolar…), una de las partes tiene la intención de humillar a la otra y la otra queda sumida en la indefensión porque no tiene capacidad de respuesta”.

Carmen Cabestany ponencia 4Una asistente pidió a Carmen pautas no ya para intervenir, sino para evitar el acoso escolar. Carmen señaló que “las pautas se dan desde la cuna. Una educación cercana, una educación en los sentimientos, la educación emocional”, serían las claves. También insistió en que “educamos en cada momento, por eso es muy importante el ejemplo que damos a nuestros hijos. No les podemos decir: “tú no acoses” o “tú intervén” si nosotros somos los primeros que decimos: “Uy, yo aquí no me meto, no vaya a ser que salga salpicada”.

Otra de las personas del público le preguntó a partir de qué edad se dan casos. Y Carmen confesó que “tenemos casos con niños de cuatro años que son ya tremendos. Incluso uno sabe manipular a otro para que vaya a pegar a un tercero”, por lo que animó a los profesores de infantil a “estar muy al tanto en la escuela para que podamos diferenciar entre lo que es un juego que en un momento se les puede ir la mano y lo que es hostigamiento de uno hacia el otro”.

Cuando le preguntaron qué perfil puede tener el acosador, Carmen nos cuenta que el abanico es muy grande: “desde el que dice que no sabía que hacía daño hasta el niño que tiene rasgos psicópatas (le gusta hacer daño), pasando por niños que están siendo maltratados o que tienen una rabia que no saben gestionar”. Por eso nos pidió que aprendamos y enseñemos a gestionar las emociones, a reconocer la tristeza detrás de la rabia y a reconfortar:  “Os aseguro que muchas veces mediante un abrazo se consigue que ese niño pare de tener esas actitudes”.

Otra madre del público nos contó que ella misma había sufrido acoso de pequeña y que ahora intentaba denunciar casos en el colegio de sus hijas, sin mucha acogida por parte de la Dirección del centro. Carmen lamentó que esta indiferencia “en el cole sucede. Lo podemos cambiar hablando del acoso como una realidad que está en las aulas”.

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Sobre el autor

Elena Couceiro
Elena Couceiro
Soy periodista y madre de dos niños agotadores y maravillosos. Me apasionan la comunicación y la educación y por eso me ilusiona especialmente formar parte de este maravilloso proyecto. Soy de las que piensa que para educar hace falta una red de apoyo, que la educación no debería ser un acto individualista, sino que debería situarse en el centro de la vida social, para construir una sociedad más humana y solidaria.