No quiero ser la madre perfecta

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No quiero ser la madre perfecta

Nunca hasta ahora, es decir, hasta ahora que soy madre, me he sentido culpable por tantas cosas. Te culpas por perder la paciencia, por dejarlo con otra persona que no eres tú, por no ser capaz de llegar a todo, por contestar mal a tu marido, por no ser siempre lo cariñosa que “tendrías que” ser con tu bebé llorando a las 4 de la mañana…cualquier cosa que le pase (o le deje de pasar) a tu hijo es motivo para fustigarte… ¿Os suena?

Como coach, siempre he dicho que las emociones no son ni buenas ni malas, y que siempre traen información. Por eso hay que darse permiso a sentirlas y a expresarlas.  Eso es lo que he dicho y he procurado hacer siempre. Pero cuando me he convertido en madre, el tema ha cambiado radicalmente. Nunca hasta ahora había sentido tan a menudo esta emoción tan molesta, y claro, en cuanto a darte permiso para sentir la culpa… pues como que una intenta mirar para otro lado…

Aun así, sé de buena tinta que ello sólo contribuye a empeorar las cosas. Así que yo he decidido que sí, ¡que voy a mirar ahí! Y voy a sacar mis propias conclusiones sobre la clase de madre que quiero ser. He decidido que no quiero perder la paciencia, pero si la pierdo me voy a dar permiso a ser humana, a no ser perfecta, a meter la pata y a aprender de mis debilidades para procurar hacerlo mejor la próxima vez. No quiero ser la madre perfecta, quiero ser una madre completa, con mis fallos y mis virtudes, y no castigarme por ello. Quiero que mis fallos sirvan para que mis hijos también aprendan de ellos y sepan que no hace falta ser perfecto para ser valiosos. Quiero perdonarme y también saber pedir perdón y así enseñar a mis hijos el valor de la empatía y la humildad.

Somos seres humanos y como tales, tenemos nuestras limitaciones. Reconocerlas y hacernos responsables de ellas nos ayudará a conectar más con nosotros mismos y con nuestros hijos, a sobrellevar mejor las situaciones y a poder expresar lo que sentimos sin culpa ni reproches. La culpa es algo que las madres solemos tener muy a mano, y NO NOS AYUDA. Es una de las emociones más tóxicas y destructivas que hay. Nos genera angustia, nos hace daño y no sirve para nada. Y esto es aplicable a cualquier situación: si creo que no paso el suficiente tiempo con mi hijo, o no come lo que debería, o no le puedo dar el pecho, o si mi hijo no hace caso, si saca malas notas, si tiene rabietas o tiene celos de su hermano…

Con todo esto quiero decir que nuestro cometido como madres no es ser perfectas, sino ser el mejor apoyo posible para nuestros hijos. Ser un espejo donde se puedan mirar para coger de nosotras lo que les sirva, y aprender de lo que no. Nuestra misión es que aprendan a ser independientes, y que crezcan con autoestima, empatía, humildad, generosidad y sin la presión de tener que ser perfectos. Y para ello, primero deberemos hacerlo nosotras con nosotras mismas. Porque no nos olvidemos de una cosa fundamental: NOSOTROS SOMOS SU ESPEJO, Y ELLOS NOS DEVUELVEN NUESTRO REFLEJO.

Imagen de portada: Mother & Son – Blue Skyz Studios / Flickr

 

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Sobre el autor

Andrea Zambrano
Andrea Zambrano
Soy coach y formadora certificada por ICF. Experta en Coaching educativo. Soy co-fundadora de la organización “AEIOU” (www.coachingpadresaeiou.com) Formada en Liderazgo Co-activo por CTI Practitioner PNL por Institut Gestalt Licenciada en Derecho por la Universidad de Barcelona.