La música también educa: invirtiendo los roles de género

Empezar el día jugando al pilla-pilla
Cómo educar en el pensamiento crítico, por José Carlos Ruiz

La música también educa: invirtiendo los roles de género

Recuerdo preguntarme a mí misma cuando era pequeña por qué una niña fue a jugar, el lunes antes de almorzar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar. Y así planchaba, así, así. Y así, así asimilaba yo, al igual que todas mis amigas, que planchar era una tarea reservada para nosotras, que eso de disfrutar vendría después de cumplir nuestras labores en casa.

Muchas veces infravaloramos el poder que tiene la música para inculcar valores y modos de vida, tanto para bien como para mal. El machismo, cual pulpo que atrapa todo con sus múltiples tentáculos, también ha infestado la música desde tiempos inmemoriales; como no podía ser de otra forma. Y es que la cultura de una sociedad es el reflejo de los valores y los principios de la sociedad misma.

Por esta razón, desde hace un tiempo hemos podido ver cambiar la tendencia. Las letras sexistas, la cultura del amor romántico, las mujeres hipersexualizadas en los videoclips y los machitos con el ego dañado han visto su espacio ocupado por voces femeninas abriéndose paso, por letras que demandan igualdad y respeto, y por mujeres a las que no les daba la gana planchar y se pusieron a cantar.

Jóvenes en contra la de música sexista

El reggaetón ha sido uno de los géneros más criticados por su representación exacerbada del sexismo de una forma evidente y constante. Además, sus principales consumidores son los jóvenes, que se nutren de contenidos machistas muchas veces sin ni siquiera ser conscientes de lo que dicen las letras que bailan y se saben al dedillo. Sin embargo, que en el momento no sepan qué implica el mensaje que repiten las canciones de moda no quiere decir que no estén interiorizándolo y normalizándolo.

Por todas estas razones, llaman la atención proyectos como el llevado a cabo por el alumnado del IES Montserrat Roig, de Elche, que consiste en un videoclip de una canción de reggaetón en el que los papeles tradicionales se invierten: ellas cantan y cortejan, llevan la sartén por el mango; mientras ellos bailan, se contonean de forma sexy y adornan el paisaje. Al final del video, las chicas, mirando a cámara, lanzan un claro mensaje: “Así es como nos sentimos nosotras con las letras machistas”.

Pero poner el foco en el reggaetón como principal responsable de la difusión de música sexista significaría hacer oídos sordos a todos los demás géneros que históricamente también han reproducido este tipo de mensajes, y que lo continúan haciendo. Desde el rap hasta el rock, pasando por el pop… ninguno se salva. Hace un tiempo se hizo viral un video de la actriz Alejandra Martínez en el que recitaba un poema hecho con fragmentos de canciones machistas que todos y todas conocemos. Esto es solo una muestra de que, sin darnos cuenta, hemos crecido asumiendo ciertos mensajes y haciéndolos nuestros. La cuestión reside ahora en: ¿qué podemos hacer para que nuestras hijas e hijos no asimilen los mensajes machistas de la música actual?

Cómo evitar que nuestras hijas e hijos interioricen los mensajes machistas de las canciones

Es importante que no infravaloremos el efecto que pueden tener este tipo de canciones en nuestros hijos e hijas. Como apunta nuestra experta, Marina Marroquí, “una de cada tres adolescentes sufre violencia de género”. Es más, en los últimos cinco años se ha duplicado el número de agresores machistas menores de 20 años en España, según datos del Consejo General del Poder Judicial. Obviamente, no podemos responsabilizar a la música de este repunte de la violencia machista en los jóvenes, pero sí que es evidente que letras como “si te falto el respeto/y luego culpo al alcohol/si levanto tu falda/¿me darías el derecho/a medir tu sensatez?” no hacen más que contribuir a la normalización de comportamientos abusivos y machistas, tanto en jóvenes como en no tan jóvenes.

Sin embargo, la exposición continuada a la música machista no tiene por qué conllevar necesariamente la asimilación de sus valores, también se puede aprovechar para indicar a nuestros hijos e hijas qué estereotipos se están mostrando en un videoclip determinado o por qué la letra de una canción está denigrando a las mujeres. Y es que tenemos que aceptar que, aunque podamos prohibir que cierta música se escuche en casa, no podemos evitar que nuestros hijos e hijas la escuchen en la radio, en las tiendas o en el cumpleaños de sus compis de clase.

La creadora de RealKiddys, Alba Alonso, aconseja también darle la vuelta a este tipo de canciones y aprovecharlas para educar en igualdad: “Cambiar las letras, los mensajes y las imágenes que acompañan a estas canciones es probablemente uno de los mejores métodos”. Podemos proponer a nuestras hijas e hijos jugar a un juego en el que tengan que sustituir las partes machistas de la canción por frases que no supongan una visión estereotipada y sesgada de la realidad, por ejemplo.

 

En definitiva, la música supone un elemento muy presente en muchos ámbitos de nuestras vidas; por eso, es importante que tengamos en cuenta que las canciones que escuchan nuestros hijos e hijas pueden influir en sus procesos de crecimiento y socialización. Al fin y al cabo, como dicen las alumnas y alumnos que han realizado el videoclip, “la música es cultura, identidad, es la banda sonora de nuestra vida. Y no la queremos machista”.

Spread the love

Sobre el autor

Marina Borràs
Marina Borràs
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política principalmente porque me apasiona escribir, siento la necesidad de hacer llegar a la gente temas que considero importantes y no consigo estar callada ni cuando duermo. Y además, creo firmemente que el periodismo es educación y la educación es política, por eso entiendo estos tres ámbitos como piezas clave que deben ir entrelazadas para conseguir, entre todos, la mejora de nuestra sociedad.