Rompiendo estereotipos en la pantalla: Matilda

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Rompiendo estereotipos en la pantalla: Matilda

Corría el año 1996. Los niños y niñas de alrededor del mundo bailaban al ritmo de La Macarena, soñaban con tener una vida como la de Friends y seguían el buen ejemplo de una joven Britney Spears al más puro estilo Disney. Y así avanzaba sin freno la última década de los 90, entre petos vaqueros, gameboys y Wannabe cantada a pleno pulmón. En este contexto llegó a nuestras pantallas Matilda, una película que no tuvo una gran repercusión cuando se estrenó, pero que marcó a toda una generación de jóvenes y nos dejó enseñanzas que se mantienen vigentes 23 años después.

Matilda es una niña de seis años tremendamente inteligente, con la mala suerte de haber nacido en una familia con unos intereses completamente contrapuestos a los suyos, razón por la cual se siente muy sola a pesar de estar rodeada de gente. Sin embargo, gracias a su perseverancia y a su pasión por los libros, Matilda consigue convertirse en una niña autosuficiente y vencer los obstáculos que se le interponen durante la película.

Hace unos meses, Netflix anunció que llevaría a cabo una serie basada en la vida y aventuras de Matilda, noticia que nos hizo tremendamente felices. Hasta el momento, mientras esperamos el estreno de la serie, podemos disfrutar de una tarde de cine en familia viendo la película original y, a su vez, fijándonos en las lecciones de igualdad que este personaje ejemplar nos regaló ya a mitades de los años 90.

 

8 razones por las que Matilda es un referente en igualdad de género

 

  1. Los personajes principales son femeninos. Si a día de hoy cuesta ver esto en las películas, imaginémonos en los 90 sin la lucha y la fuerza que tiene ahora el movimiento feminista. La protagonista, su mejor amiga, la buena y la mala de la peli son mujeres o niñas en torno a las cuales gira la trama principal. Teniendo en cuenta el elenco completo, en el que solo faltaría mencionar al padre, la madre y el hermano de Matilda, podemos afirmar que esta película cuenta con una gran representación de personajes femeninos que responden a distintos perfiles.
  2. Supera el test de Bechdel. Este test es un procedimiento para evaluar la brecha de género en las producciones audiovisuales y que una gran cantidad de películas no aprueban (como por ejemplo películas tan exitosas como El Señor de los Anillos Spider-man, entre muchas otras). Según sus normas, deben aparecer al menos dos personajes femeninos, que tengan una conversación en algún momento de la trama y que dicha conversación no verse en torno a hombres: prueba superada.
  3. Demuestra que la inteligencia no está reñida con el género. La inteligencia de Matilda es asombrosa y en la película destaca por ello, no por su belleza o su dulzura como suele pasar con los personajes femeninos.
  4. Es su propia heroína. No necesita un príncipe azul que la rescate de su cruel familia o de su espantoso colegio. Este hecho es muy importante ya que nuestros hijos e hijas necesitan ver personajes femeninos en las pantallas libres de estereotipos de género, pues como apunta la profesora y creadora de RealKiddys, Alba Alonso: “Los estereotipos no hacen más que cerrar puertas tanto a los niños como a las niñas, y les impiden elegir y sobresalir en lo que son sus talentos auténticos”.
  5. Su máxima aspiración: desarrollar todo su potencial. Matilda se pasa la película persiguiendo lo que más le gusta en el mundo: leer. No importa que le digan que no le servirá para nada o que intenten frenarla, ella ha descubierto lo que le apasiona y su fin es desarrollar su talento sea como sea. Ni maquillarse, ni encontrar novio; ella solo quiere –y pide desesperadamente– educación.
  6. Desafía su estructura familiar patriarcal. Su familia sigue una estructura clara en la que el padre es el sostén familiar, la madre ejerce de mujer florero y el hijo mayor, como hombre, será el que herede el oficio familiar. Matilda, sin embargo, es la hija pequeña cuyos intereses y valores se apartan mucho de los de sus familiares, razón por la cual le hacen el vacío. A pesar de esto, Matilda se sale de esta estructura y desafía a sus padres constantemente.
  7. El personaje de la señorita Honey. La profesora de Matilda contrasta con el personaje de la madre de la protagonista: es dulce pero también destaca por su fuerza e inteligencia, tiene estudios universitarios y le encantan los niños y la educación. Sin embargo, no necesita un hombre para sentirse completa o satisfecha -como sí pasa con la madre de Matilda-. Así pues, podríamos decir que la madre de Matilda representa a una mujer estereotipada, mientras que la señorita Honey se escapa de los estereotipos y sigue su propio camino.
  8. No hay cabida para el amor romántico, o como dice nuestra experta y educadora social, Marina Marroquí: para el ‘maltrato’ romántico. (¡Alerta spoiler!) La señorita Honey y Matilda acaban formando juntas su propia familia, en la que la señorita Honey ejerce de madre soltera y Matilda por fin puede desarrollar todo su potencial, apoyada por su madre adoptiva. No se hace referencia a la necesidad de que haya un hombre que ame a la señorita Honey y que cuide de Matilda, ellas se bastan para salir adelante.

 

En definitiva, a pesar de tratarse de una película con dos décadas a sus espaldas, las lecciones que nos enseña siguen siendo totalmente aplicables. Nuestros hijos y nuestras hijas necesitan ver personajes femeninos con poder, personajes que se salgan de los estereotipos de género que estamos acostumbrados a ver en la pantalla y que les sirvan de inspiración y ejemplo. Además, ¿qué mejor manera de enseñarles a nuestros hijos valores como la igualdad y la perseverancia que una divertida tarde de palomitas y peli?

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Sobre el autor

Marina Borras
Marina Borras
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política principalmente porque me apasiona escribir, siento la necesidad de hacer llegar a la gente temas que considero importantes y no consigo estar callada ni cuando duermo. Y además, creo firmemente que el periodismo es educación y la educación es política, por eso entiendo estos tres ámbitos como piezas clave que deben ir entrelazadas para conseguir, entre todos, la mejora de nuestra sociedad.