María Soto nos anima a educar bonito y a entender por qué perdemos la paciencia

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María Soto nos anima a educar bonito y a entender por qué perdemos la paciencia

María Soto es especialista en Disciplina Positiva (un modelo educativo que se basa en la amabilidad y la firmeza, la comunicación positiva, la empatía y el respeto hacia el niño y la persona que educa) y es fundadora de la iniciativa Educa Bonito. Nos entusiasmó en el taller sobre paciencia, en el que nos hizo entender que los malos comportamientos de nuestro hijos se deben a “malas decisiones por inexperiencia y movidos por su deseo de pertenencia”.

Leo Farache, director de Gestionando Hijos, presentó el taller en el Centro Cultural Sanchinarro ante unas 90 personas subrayando que “el acto educativo más potente y cotidiano se celebra en el hogar” y confesando que este proyecto pretende contagiar ilusión, entusiasmo y pasión por educar con conciencia. Con ese noble objetivo, contábamos ayer con María Soto Álvarez de Sotomayor, fundadora de Educa Bonito y que comenzó su intervención con una confesión muy reconfortante: “El que nunca pierde la paciencia en casa no tiene hijos, tiene muebles”. Tras esta confesión, María quiso invitarnos a conocer “lo que pasa en nosotros, porque así es más fácil educar desde la calma”. Y por eso nos llevó de viaje al cerebro, ofreciendo una explicación simple que nuestros hijos podrían entender: el cerebro es el único órgano que no nace desarrollado y tiene varios niveles que se van desarrollando. María lo representó como un puño cerrado con varias capas. El primero es el cerebro vital, que regula las funciones vitales. El segundo es el cerebro medio o animal, en el que “viven” la emociones, los impulsos, los instintos y las neuronas espejo, que posibilitan el contagio emocional. Y el tercer nivel es la corteza prefrontal, que no termina de desarrollarse hasta los 30 años y que es responsable del pensamiento lógico y la regulación emocional.

“Los niños”, nos dijo María, “tienen el cerebro medio al aire, se mueven por emociones”. Por eso, añadía esta experta, “no nos escuchan” nuestro razonamiento lógico, “porque nos están viendo y les contagiamos emociones con neuronas espejo”.

La fundadora de Educa Bonito tiene mucho cuidado en no alimentar nuestro monstruo de la culpabilidad, por eso nos dijo: “No hay que flagelarse, perder la paciencia es humano”, pero nerviosos y gritando “no podemos educar, no enseñamos nada bueno”. Dicho de otra manera, “cuando las emociones se desbordan, el cerebro racional se apaga. No actuemos en ese momento”. Elegir no actuar si hijos o padres y madres estamos nerviosos y desbordados exige valor para controlarnos, respeto hacia nuestros hijos y hacia nosotros mismos y la confianza de que la calma nos dará la solución. María Soto quiso subrayar una de las citas más célebres de Jane Nelsen, autora, junto a Lynn Lyott, del libro Disciplina Positiva, pensado para padres y madres: “¿De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien hay que hacerle sentir mal?”. María apostó por la motivación y el aliento para conseguir la colaboración de nuestros hijos, que quieren sentirse útiles e importantes.

María se mostró muy comprensiva con la frecuente pérdida de paciencia de padres y madres. Y lo explicó así: “Educar es la tarea más intensa que tenemos. Y no nos preparan para educar”. En el taller, ante un público de unas 80 personas, María nos preguntó qué cosas nos ponen de los nervios, cosas que no tengan que ver con los hijos. Y hubo muchas respuestas: “la impuntualidad, las interrupciones, las lecciones de los no padres, el desorden….”. Ante estas cosas que nos enervan y no tienen que ver con nuestros hijos solemos aguantar el tipo, porque, como dice María, “si habláramos a nuestros amigos como hablamos a nuestros hijos, ¿cuántos amigos tendríamos?”. También reflexionamos sobre cosas que nos relajan: “leer, manualidades, los abrazos…”. María concluyó: “Necesitamos no perder de vista el autocuidado”, porque “¿qué les estamos enseñando a nuestros hijos si no nos cuidamos? ¿Nos van a respetar o se van a respetar si nosotros no nos respetamos?”.  Aunque confiesa que pinta muy mal, María se animó y pintó un taburete con cuatro patas. Una de ellas es Yo, otra es Familia/Pareja, una tercera es Vida social y la última Responsabildades. “Si no cuidamos las cuatro patas es normal perder el equilibrio y la paciencia”, nos explicó María.

De nuevo volvimos a hablar de esa indeseable compañera que es la culpa: “Cuando perdemos la paciencia hay que dejar atrás la culpa, que no educa”. María nos invitó a vivir estos errores “como oportunidades de aprendizaje”. Pero ¿qué mueve el comportamiento de los niños, y también el nuestro? María lo tiene claro, “el sentido de pertenencia. Lo que hemos conseguido como especie es por pertenecer al grupo”. Nuestros hijos, por tanto, “tienen maneras equivocadas de buscar pertenencia, toman malas decisiones por inexperiencia”. María nos contó que a ella no le gusta la expresión “portarse mal” y que la sustituiría por “decisiones equivocadas”. Representamos el comportamiento de nuestros hijos como la punta de un iceberg. Si no vemos el fondo (las creencias que lo motivan, el para qué –y no el por qué- se comporta así), nos limitaremos a tratar de controlar el comportamiento y nos frustraremos porque no lo conseguiremos (o contado con un ejemplo, si están dolidos por algo que ha pasado en el cole “te la montan a ti”. Nuestros hijos necesitan que veamos todo el iceberg). En un ejercicio de empatía para entender los malos comportamientos de nuestros hijos, María nos preguntó qué haríamos si vemos que en un sitio de atención al público no nos hacen caso. El público contestó: protestar, gritar, irnos… Al igual que nos contó Raquel de Diego en el taller sobre conflictos, María subrayó la importancia de preguntarse para qué hacen las cosas nuestros hijos.

Del mismo modo nuestros hijos deciden de manera equivocada cómo obtener atención (que le hagan caso), poder (tener cierto margen de decisión), justicia (vengarse por algo que le parece injusto) o capacidad  (tener cierto margen de maniobra). Y todo esto que buscan se resume en que necesitan sentirse importantes en el grupo, que pertenecen al grupo.

“Hay que dar opciones para que vean que les tenemos en cuenta, como”, nos decía María entre risas, “¿para cenar quieres huevo o tortilla?”.  En resumen, “si entendemos los comportamientos de nuestros hijos más conectados con ellos, sin tomárnoslo tan a pecho, no perderemos tanto la paciencia”. María nos puso un ejemplo: al tener un bebé no entendíamos su llanto a las tantas de la madrugada como un desacato a nuestra autoridad, sino como la manifestación de su necesidad. Con lo que llamamos “malos comportamientos”, asegura la fundadora de Educa Bonito, pasa lo mismo.

Igual que el equipo de Gestionando Hijos, esta experta entiende la educación como un viaje apasionante. “Y sin querer recordar a Dora, ¿qué necesitamos para emprender un viaje? Un mapa”, nos dijo entre risas. Por eso debemos saber de qué punto partimos (y el público habló de la situación que tenía ahora con sus hijos: dependencia, rabietas, impuntualidad, dormir, celos…) y dónde queremos llegar (que sean asertivos, solidarios, con sentido del humor, empáticos….). Para María, el punto en el que estamos, los problemas que vivimos ahora, van en el “pack de niño” y son retos que superar. El futuro que queremos es un proceso y el destino no lo podemos perder de vista. Está claro que los niños se van a equivocar (o se “van a portar mal”), pero nuestros hijos deben tener claro que “importo a mamá más que todas las veces que me equivoco”. Para eso, debemos hacerles partícipes, porque “cuando hay una orden siempre se activa la resistencia”.

El público fue muy participativo en este taller y se fue muy motivado e ilusionado por esta nueva forma de entender la educación de los hijos e hijas. Sin duda, seguiremos colaborando con Educa Bonito para contagiar pasión y motivación por educar con respeto y amabilidad.

Puedes ver el vídeo completo del taller aquí:

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Sobre el autor

Elena Couceiro
Elena Couceiro
Soy periodista y madre de dos niños agotadores y maravillosos. Me apasionan la comunicación y la educación y por eso me ilusiona especialmente formar parte de este maravilloso proyecto. Soy de las que piensa que para educar hace falta una red de apoyo, que la educación no debería ser un acto individualista, sino que debería situarse en el centro de la vida social, para construir una sociedad más humana y solidaria.