Para resolver los conflictos, ¡fuera quejas!

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Para resolver los conflictos, ¡fuera quejas!

Los conflictos son educativos

Que haya conflictos de vez en cuando, ¿es bueno o malo? “Malo, malo”, diríamos todos, ¿verdad? En casa queremos que haya tranquilidad, buen ambiente, que nuestros hijos nunca se peleen, que lo hagan todo fenomenal (fenomenal según nosotros y nuestras expectativas) y así no discutamos por nada. ¿Sabes que esta situación ideal (e irreal) no es tan buena como parece? En una entrevista que hicimos a María Helena Tolosa, docente y logopeda, nos abrió la mente: “Los conflictos son educativos”. ¿Cómo? ¿Desde cuándo los conflictos son educativos?

¿Por qué los conflictos son educativos?

María Helena nos lo explicó: “Tenemos que aprovechar los conflictos para educar en la resolución de los mismos, en la búsqueda de estrategias para resolverlos. Porque por mucho que intentemos que nuestros hijos no los vean en casa, cuando salgan fuera y vayan al colegio o de adultos tengan un trabajo o una relación de pareja, se van a encontrar frente a frente con ellos”.

En la misma línea, Raquel de Diego, responsable de ConciliaFam, dice que “tenemos que vivir los conflictos como una oportunidad de mejora. “Los conflictos nos ayudan a conocernos mejor, a expresar nuestros sentimientos de forma asertiva, a aceptar que somos únicos y, en el caso de conflictos familiares, a identificar la familia como un sistema y unidad”.

¡Fuera quejas!

Es normal que se den conflictos en casa y, como dicen las dos expertas, los conflictos son educativos, nos pueden enseñar mucho, tanto a nosotros como a nuestros hijos.

Y también es normal o habitual que, ante ciertos conflictos que tienden a repetirse (tipo tus hijos se pelean porque cada uno quiere ver una cosa en la tele o porque uno no le deja algo al otro), caigamos en la queja, algo que Fernando Botella, experto en talento y coaching, quiere que desterremos por completo. “Si te quejas repetitivamente, todos los días, los niños aprenden a vivir de la queja”, dice.

Fernando nos habla de tres tipos de personas:

  • Los que se dan por vencidos, “así es la vida”, “es lo que me ha tocado, no puedo hacer nada”.
  • Los quejicas. Utilizan el “es que” para todo. “Es que con este profesor”, “es que si no me hubieras…”. Fernando señala que los de este grupo no aprenden a enfrentarse a la realidad. “Cuando son mayores, tienen problemas para enfrentarse a su día a día”.
  • Los que dirigen. Son los que se levantan “y dirigen la orquesta”, expresa Botella.

Estos tres tipos van en sintonía con los “vegeteitors”, “amargueitors” y “motiveitors” de los que nos ha hablado muchas veces la experta en ventas Mónica Mendoza. Al final tienes que pensar, ¿a qué grupo quieres que pertenezcan tus hijos?

Si le enseñamos a nuestro hijo a resolver conflictos, le estaremos enseñando que tiene derecho a reclamar algo que no está bien. Dice Fernando Botella que “el reclamo no es una queja porque el reclamo lleva asociado una propuesta. Cuando tú reclamas algo nuevo que crees que te pertenece, propones algo nuevo”. ¿Entonces qué tenemos que hacer si nuestro hijo viene quejándose por algo? Botella nos sugiere que “transformemos la queja en alternativa, su protesta en propuesta”.

¿Tiene mucho sentido, no? A partir de ahora, hagamos un esfuerzo por enseñar a nuestros hijos a gestionar los conflictos, para que cuando sean adultos sepan enfrentarse a ellos y no caigamos en la queja por queja, porque de esa manera no se resuelven los conflictos.

Si quieres aprender más sobre este tema, te animamos a que hagas el curso de nuestra plataforma Aprende a gestionar los conflictos. Está impartido por expertos de la talla del neuropsicólogo Álvaro Bilbao, la psicóloga Begoña Ibarrola o el experto en talento y liderazgo y profesor universitario, Fernando Botella. Date de alta por solo 6,95€/mes y disfruta de este y 17 cursos más sobre educación.

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Sobre el autor

Ana Nieto
Ana Nieto
De pequeña jugaba a las profesoras. Ponía a mis muñecas sentadas encima de la cama, una cartulina negra en la pared clavada con una chincheta y me convertía en la profe más guay del “colegio”. O eso me creía yo. Luego me hice periodista porque me gusta escribir y contar historias. Me interesan mucho los temas sociales, la educación, la igualdad de género y creo firmemente que entre todos podemos construir un mundo mejor (o al menos mejorar un poquito el nuestro).