Llevo toda la tarde con los niños…

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Llevo toda la tarde con los niños…

Llevo toda la tarde con los niños…

Mª Ángeles Jové Pons, de AEIOU Coaching para Padres, nos regala esta reflexión sobre la típica escena con nuestros hijos en la que estamos pensando en otras cosas, enfadados con ellos porque nada sale como queremos y además estamos preocupados por otros temas. Mª Ángeles asegura que «los niños son detectores de presencia» y que «darse cuenta que nos hemos ido sin salir de la habitación pero que hemos vuelto con nuestro hijo es el primer paso para que las cosas vuelvan a fluir y se respire otra vez aire fresco en tu hogar».

Llevo toda la tarde con los niños. Toda la tarde. Estoy con ellos, pero… ¿Estoy realmente con ellos? ¿Estoy pero no estoy?

 Los miro pero no los veo.

Los oigo pero no los escucho.

Me tocan pero no los siento.

Estoy con ellos pero no los disfruto.

¿Los disfruto?

Estoy imbuida en mis pensamientos. Engullida en mis preocupaciones. Cuanto más y más pienso más lejos me siento de esta habitación. Menos conectada con lo que está ocurriendo en estos momentos. ¿Dónde estoy? ¿Dónde quiero estar?

Su mano gordita y suave me coge la mejilla acercándosela a su carita en un nuevo intento de llamar la atención. En lugar de sentir y apreciar su calor y suavidad me molesta, me fastidia… ¡Qué pesadez de tarde! ¡Qué ganas tengo de que llegue la hora de acostarlos!

Los niños son detectores de presencia. Tienen un radar muy potente y advierten cuando estamos ahí pero sin conectar, sin estar realmente… como si estuviéramos pero en realidad ausentes. Captan cuando nos encerramos en nuestra mente de adulto aunque pretendamos disimular. ¡Qué ilusos! ¿Los engañamos? Creemos que ellos no ven que estamos enganchados con aquello que nos ocurrió, cuando queremos anticiparnos a lo que pensamos que pasará o debería pasar, cuando estamos enjuiciando todo lo que está pasando como si no se ajustara a lo que queremos que pase pero ¡Es que pasa!, está pasando… Se ha vuelto a manchar y estaba recién bañado, no ha querido cenar y ahora me pide…

Curiosamente, cuando más encerrados estamos en nosotros mismos, cuando menos conexión hay entre nosotros y nuestros hijos, menos armonía reina en casa, más demandantes nos parecen, menos hacen lo que nos gustaría que hicieran, más difícil nos lo ponen, todo parece mucho más complicado, más espeso y denso… ¡Querría desaparecer!

Sigo agobiada y enfadada por lo ocurrido hoy en el trabajo, todavía siento en mi cuerpo el bochorno y el enfado vivido en la reunión de equipo, o… ¿Lo que me agobia y enfada es que no está recogiendo los juguetes cuando se lo he pedido por cuarta vez?

¡Cuidado!

¿Qué está pasado realmente?

¿Cómo se lo he pedido?

¿Qué tono he empleado?

¿Qué ha visto en mi expresión?

STOP… Respira, conecta con el momento presente, ahí mismo y en ese preciso instante, coge a tu hijo, tócale, sonríele mirándole a los ojos durante unos instantes hasta que te sonría él a ti, hasta que resurja la conexión, siéntelo, os lo merecéis los dos…

Todo vuelve a comenzar cuando reconectas con tu hijo, cuando cuidas la relación. Todo está bien. No pasa nada. No hay culpa, no me sirve para reconducir las cosas. Me sirve el amor que siento por él y las ganas de mejorar.

Darse cuenta que nos hemos ido sin salir de la habitación pero que hemos vuelto con nuestro hijo es el primer paso para que las cosas vuelvan a fluir y se respire otra vez aire fresco en tu hogar.

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Sobre el autor

María Ángeles Jové Pons
María Ángeles Jové Pons
Soy experta en coaching para padres y para la maternidad, formada en la Escuela Europea de Coaching. Co-fundadora de Coaching para Padres AEIOU (http://www.coachingpadresaeiou.com/). He sido profesora universitaria.