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Las grandes virtudes

Por lo que respecta a la educación de los hijos creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber.

Natalia Ginzburg. «Las pequeñas virtudes».

Es tiempo para que eduquemos en las grandes virtudes. En estos meses estamos más tiempo que nunca con nuestros hijos, tenemos más responsabilidades educativas, hemos descubierto que nuestros hijos son más cosas de las que creíamos que eran. En este tiempo en el que hemos pasado tanto tiempo en casa, también tenemos que haber tenido tiempo (perdón por la repetición) para reflexionar.

Te propongo que vuelvas a inyectarte una buena dosis de ilusión por educar a tus hijos. Debes saber que tus mensajes no caerán en el olvido, que lo que hoy les transmitas con tu corazón y tus palabras serán una parte importante de la semilla de lo que tus hijos sean en el futuro. Que si estás atenta o atento a las pequeñas virtudes -el aprobado, su éxito escolar- pero les educas para las grandes virtudes -el ser y saber- te sentirás reconfortado, contento, feliz de ser madre o padre, de ser educador de tus hijos.

Educarles en las grandes virtudes es una misión, es un proyecto gigantesco que dará todo el sentido a tu día a día educativo. Que tus hijos sean generosos, tengan coraje, amen la verdad, sean abnegados y les inunde el deseo del saber para alimentar su ser. ¿Puede haber un proyecto vital más bello que este? Te propongo que lleves esta misión cada día contigo, que la compartas con otras madres y padres, que se las hagas saber a tus hijos.

Nosotros estamos para consolar a nuestros hijos, si un fracaso les entristece. Estamos para infundirles valor, si un fracaso los ha mortificado. Estamos para bajarles los humos, si un éxito les ha envanecido.

Lo que debemos realmente apreciar en la educación es que a nuestros hijos no les falte nunca el amor a la vida.

Natalia Ginzburg

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Sobre el autor

Leo Farache
Leo Farache
Nacido en Madrid, de la añada del 63. Su vida profesional ha estado ligada al mundo de la comunicación, gestión, marketing. Ha dirigido algunas empresas y escrito tres libros (“Los diez pecados capitales del jefe”, “Gestionando adolescentes”, “El arte de comunicar”). Ha ejercido de profesor - “una profesión que nos tenemos que tomar todos más en serio” – en la Universidad Carlos III, UAM y ESAN (Lima) en otras instituciones educativas. Es padre de tres hijos y ha encontrado en la educación su elemento. Fundó en 2014 la empresa Educar es todo desde donde opera la iniciativa Gestionando hijos que tiene como objetivo ofrecer ideas e inspiración educativa a madres y padres que quieren saber más para educar mejor.