«Adolescentes: tu hijo no es tu enemigo», por Ángel Peralbo

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«Adolescentes: tu hijo no es tu enemigo», por Ángel Peralbo

Cuando hablamos de la adolescencia, muchas madres y padres se llevan las manos a la cabeza. De hecho, muchos desearían que sus hijos se saltaran esa etapa por completo; esa etapa en la que los abrazos y besos constantes pasan a ser “¡es que no me entiendes!” o “¡déjame en paz!”. Sin embargo, en el webinar que compartimos hoy con vosotros, Ángel Peralbo nos manda un mensaje de tranquilidad: tu hijo adolescente no es tu enemigo. Pero… ¿cuáles son las claves para mejorar la relación con nuestros -ya no tan pequeños- hijos?

Ángel Peralbo es psicólogo, docente y escritor de libros como “El adolescente indomable” o “De niñas a malotas”, pero en este webinar nos habló de su último libro, “Adolescentes. Tu hijo no es tu enemigo”. En él nos dio consejos para educar a nuestros hijos e hijas adolescentes y conseguir, de esta manera, forjar una relación sana y positiva.

Claves para mejorar la relación con tu hijo adolescente

1. Cambiemos la perspectiva y reflexionemos

Es importante que tengamos en cuenta que lo que nos dicen nuestros hijos no tiene tanto que ver con lo que piensan sino con lo que sienten en ese momento. Por eso, cuando nos dicen “te odio”, tenemos que pararnos a reflexionar y poner el foco en que esa frase proviene del estado emocional en el que se encuentra nuestro hijo en ese momento y, por lo tanto, lo que en realidad está transmitiendo no es odio hacia nosotros, sino frustración, ira, decepción… Porque, parémonos a pensar un momento, ¿de verdad creemos que nuestros hijos nos odian o piensan que somos lo peor? Ángel Peralbo asegura que, por su experiencia con adolescentes, “están muy lejos de pensar eso”.

2. Trabajemos el miedo

Ángel Peralbo nos dice que “el miedo existe y que tiene su función”. Pero es importante que este miedo desproporcionado o exagerado que sentimos hacia la adolescencia no nos guie en la educación de nuestros hijos. Por eso tenemos que trabajar el miedo, así como “esas emociones intensas a las que les hemos dado demasiado protagonismo”, como indica Ángel, que además nos apunta tres claves para conseguirlo:

  • No lo muestres: Este consejo va dirigido sobre todo a padres y madres con no mucha experiencia. Cuando empecéis a experimentar alguna de estas sensaciones tan intensas, no lo mostréis, “no se lo pongas tan fácil a tu hijo adolescente”, dice Ángel Peralbo. La explicación a esto radica en que si ellos lo ven y son conscientes de que ocasionan ese estado en nosotros, “lo van a aprovechar y lo van a traducir en una debilidad”.
  • Regulad el miedo: Cuando se trata de madres y padres más experimentados, el consejo va más dirigido a la regulación de ese sentimiento intenso, “porque el miedo o la ira se contagian”. Además, cuando son pequeños nos observan y nos copian, cuando reímos, ellos ríen también. Pero Ángel Peralbo nos indica una clave muy importante: “Con los adolescentes, cuando reímos, se van a enfadar. Cuando nos enfadamos, se van a enfadar. Cuando tenemos miedo, se van a enfadar. El registro ha cambiado”.
  • Está permitido sentir miedo, fuera la culpabilidad: A veces vamos acumulando y acumulando, y acabamos alimentando una sensación de fracaso continuo en lo que respecta a la educación de nuestros hijos e hijas. Cuidado con esto, pues es muy importante dejarlo atrás y no dejarnos guiar por la culpabilidad o por la sensación de fracaso.

3. Hablemos sin miedo

Ángel Peralbo nos lanza varias preguntas para que reflexionemos: “¿Les hablamos a nuestros hijos con miedo?”, “¿estamos desarrollando la capacidad de decirles solo lo que quieren oír o incluso a veces de mentirles?”. Este punto es muy importante, pues “tenemos que tratar de decirles las cosas como son, desde la calma, pero sin engañarles”, apunta Ángel. No tengamos miedo a este tipo de comunicación, ya que eso sumado al aislamiento que puede surgir por parte de nuestro hijo adolescente, puede ocasionar una comunicación completamente nula o ineficaz.

4. ¿De verdad te asusta el cambio en tu hijo adolescente?

Ver cómo pasan de ser “nuestros pequeños” y empiezan a querer salir a otros sitios con sus amigos, a vestir de otra forma completamente distinta y, básicamente, a cambiar radicalmente. Y ver cómo cambian tan rápido nos asusta tremendamente. Sin embargo, Ángel Peralbo nos dice que “sin cambio, sin zona de riesgo, no hay aprendizaje”.

5. El afecto por encima del enfado

Tenemos que hacer un esfuerzo para que el afecto que sentimos por nuestros hijos esté por encima del enfado a pesar de esas pequeñas desavenencias del día a día, pero no nos referimos a sentir ese afecto (que ya sabemos que es imposible dejar de sentirlo ni por un segundo), sino a transmitírselo.

6. El miedo a poner límites

Lo de poner límites es algo complicado, pero “los valores solo se pueden trabajar si se establecen ciertos marcos a partir de los cuales ellos puedan ir desarrollando esos valores y haciéndolos propios”, apunta Ángel Peralbo. Esto es muy importante, a pesar de que a veces pensemos que “ya son mayorcitos”, pues aún así nos necesitan y también necesitan que les pongamos ciertos límites.

7. El miedo al conflicto

Como hemos dicho, los límites son necesarios, siempre adaptándolos a su edad y a las circunstancias. Pero también hay que tener en cuenta que ellos están en edad de resistirse y que es muy probable que lo hagan ante los límites que les intentemos poner. Así pues, la posibilidad de conflicto no tiene que pararnos. Sí que es cierto que, si hay altos niveles de conflictividad, habrá que trabajar para minimizarlos.

Estas son algunas ideas claves que hemos extraído del webinar de Ángel Peralbo sobre adolescentes. ¡Pero no son las únicas! Si queréis saber más sobre el tema, no os perdáis la charla completa. Aquí os dejamos el vídeo, ¡que lo disfrutéis!

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Sobre el autor

Marina Borràs
Marina Borràs
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política principalmente porque me apasiona escribir, siento la necesidad de hacer llegar a la gente temas que considero importantes y no consigo estar callada ni cuando duermo. Y además, creo firmemente que el periodismo es educación y la educación es política, por eso entiendo estos tres ámbitos como piezas clave que deben ir entrelazadas para conseguir, entre todos, la mejora de nuestra sociedad.