Cómo gestionar las rabietas, por Alberto Soler

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Cómo gestionar las rabietas, por Alberto Soler

 

Uno de los grandes problemas que sufrimos todos (o casi todos) con nuestros hijos son las rabietas. ¿Todos los niños tienen rabietas? ¿Por qué se producen? Y, sobre todo, ¿hay algo que podamos hacer para evitarlas? Lo cierto es que cuando el niño se tira en el parque o en el pasillo del supermercado y se pone a gritar, ¡no sabemos qué hacer! Alberto Soler, psicólogo especialista en crianza y un gran amigo de Gestionando hijos, ofreció hace poquito un webinar en directo para tratar este tema de cómo gestionar las rabietas.

Lo primero que quiere dejar claro Alberto es que las rabietas son normales, “todos los niños tienen rabietas”. Lo que sucede es que “nos cuesta mucho gestionar las rabietas de nuestros hijos, principalmente por dos razones:

  • Porque actuamos con el piloto automático puesto: con los estereotipos de lo que hemos oído, de lo que nos han dicho.
  • Porque nos influyen mucho las miradas. No actuamos tanto de cara al niño, sino de cara a la galería, actuamos para dar ejemplo a los demás, de que sabemos lo que estamos haciendo”.

“Las rabietas son un fenómeno normal del desarrollo de los niños”, confirma Soler, y nos lo explica: “El cerebro es una estructura muy compleja. Hay una parte, la corteza frontal, que se encarga de tareas como el control de impulsos, planificar a largo plazo, la empatía o poder tolerar la frustración, etc. y esa zona tarda un poquito en desarrollarse. La mayoría de vuestros hijos seguro que no tienen desarrollada del todo esta corteza. Los niños tienen rabietas porque no tienen desarrollada todavía esta estructura del cerebro”.

Tenemos que empezar a ver las rabietas como una señal del desarrollo de nuestro hijo, como cuando no sabe hablar o no controla el pipí. “No le podemos pedir que tenga una madurez cerebral que todavía no tiene”, indica Soler. A partir de los dos años, el niño quiere ser más autónomo, lo que es bueno, y por eso se dan las rabietas.

¿Qué son las rabietas?

Alberto Soler lo define de la siguiente manera: “Son la manifestación de la frustración que tiene un niño ante un deseo que no puede cumplir”, y pone de ejemplo cuando estamos en el supermercado, el niño quiere un huevo de chocolate y le decimos que no. “El niño va a hacer una rabieta porque es la frustración que tiene porque no puede conseguir lo que quiere”, señala Alberto.

Periodo: Afirma Soler que las rabietas “son especialmente frecuentes entre los 2 y los 4 años, pero esto no quiere decir que por debajo de los 2 años no se vayan a producir ni que cuando llegue a los 4 años las rabietas desaparezcan”.

¡Es algo normal! Señala el experto que al ser una característica de su desarrollo, tenemos que ser pacientes. “Es tan normal que un niño tenga rabietas como que se haga pipí en el pañal cuando tiene 6-8 meses, como que no sepa a hablar cuando tiene 6-8 meses”, indica.

¡Importante! El psicólogo recalca que “nunca debemos entender las rabietas como una lucha, como una guerra de poder entre los padres y el hijo, sino que lo tenemos que entender más bien como una relación de ayuda entre una persona pequeñita, que se está desarrollando, y sus padres, nosotros, que tenemos el cerebro desarrollado, somos dueños de nuestros impulsos y tenemos que ayudar. Es una relación de ayuda”.

Cómo prevenir las rabietas

La primera pregunta que nos hacemos es: ¿se pueden evitar las rabietas? Alberto nos enseña las siguientes estrategias que podemos llevar a cabo para prevenirlas:

  1. Comprender y empatizar. “No se nos está subiendo a la chepa. El pobre está llegando hasta donde puede”. Alberto nos pide que entendamos que lo que está manifestando es una característica de su desarrollo cerebral y su desarrollo cognitivo, y nos aconseja que nos pongamos en su lugar para entender cómo está viviendo ese momento, lo está pasando mal, está con angustia. “Tenemos que acompañar esas emociones. Como las rabietas son algo normal, no se curan, no podemos esperar que no pasen. Si acaso podemos evitar las que son superobvias”.
  2. Satisfacer necesidades. Alberto habla de la necesidad de esparcimiento y juego que está recogido en la Convención sobre los derechos del niño de Naciones Unidas. “Si no satisfacemos la necesidad que tiene el niño de movimiento, de sacar toda esa energía, de correr, de saltar en un entorno adecuado como puede ser el parque, lo va a hacer en casa. Si grita, salta y trepa en el parque va a estar bien, pero si lo hace en casa lo vamos a entender como que se está portando mal, le vamos a parar, se va a frustrar y eso va a generar una rabieta”, cuenta Soler.
  3. Mantener unas rutinas más o menos estables también es importante. “Los niños, a estas edades, dentro de la desorientación vital en la que están, necesitan tener una estructura que todos los días sea más o menos parecida para que disminuya su nivel de ansiedad”, sugiere el experto.
  4. Situaciones peligrosos que provocan rabietasEvitar situaciones y contextos “peligrosos”, y aquí, Alberto Soler destaca tres:
    – El reloj. Alberto nos enseña la imagen de este reloj para hablar de las horas. Casi todos pensamos que nuestros hijos se ponen especialmente insoportables a partir de las siete u ocho de la tarde y, como dice Alberto, nosotros también, porque estamos todos cansados. “Son horas delicadas. En lugar de apretar y ser mucho más estrictos para intentar que todo salga perfecto, lo que tenemos que hacer es ser más comprensivos y levantar un poco el pie del acelerador”.

    – El parque. “A veces nos damos cabezazos contra la pared haciendo las mismas cosas cuando lo que tenemos que hacer es cambiar de estrategia. Si algo no funciona, lo cambiamos”, recomienda. Cuenta el ejemplo de una paciente que le decía que su hijo le montaba una rabieta todos los días al ir al cole porque pasaban por delante del parque y decía que quería ir antes de ir al cole. ¿Y si cambias el camino y dejas de pasar todos los días por el parque? Le sugirió él.
    – Las chuches. Una rabieta clásica es el niño que quiere chuches en el supermercado. Otra típica es el niño que quiere que le pongas un capítulo más de su serie en la tele o en el iPad. “Son muy frecuentes pero son superfluas, es decir, los niños ni necesitan chuches ni necesitan pantallas. Cuanto más tardemos en introducirlas, más rabietas nos vamos a ahorrar”, explica Soler. Si nunca compramos chuches en el supermercado, cuando nos pida chuches una vez le diremos: “Cariño, es que en casa no compramos chuches”. Él sabe que en casa no compramos chuches y que la próxima vez que nos lo pida, nosotros no se lo vamos a dar. Pero si un día se nos ocurre la idea de comprarle chuches, cada vez que vayamos al supermercado nos las va a pedir y vamos a tener rabieta.

Cómo gestionar las rabietas

¿Y si no hemos conseguido evitar la rabieta? El niño está tirado en el suelo del supermercado desesperado porque no le compramos el huevo de chocolate, ¿qué hacemos?

“Conectamos y redirigimos”, dice Alberto. “Cuando un niño o cuando una persona está alterada no atiende a razones. Empezar a darle la chapa, a darle largas explicaciones de por qué no se puede, no surten ningún efecto. Tenemos que controlar mucho más el cómo lo decimos, el tono, que el contenido del mensaje”, añade.

Y como explica el experto en crianza, tampoco tiene sentido echarle leña al fuego y empezar a gritarle “siempre estás igual, siempre me la estás liando”. Con esto solo conseguirás que la rabieta se mantenga en el punto álgido más tiempo.

Seguro que estás pensando, ¿cómo conectamos y redirigimos? ¿Cómo se hace eso? El experto nos da unos pasos a seguir:

  1. Imagen que ilustra muy bien una rabieta.

    Imagen que ilustra muy bien una rabieta.

    “Cuando estamos con el niño tirado en el suelo, con la cara roja, encendido, tenemos que bajarnos a su nivel, hablarle con calma y mirarle a los ojos”.

  2. “Transmitir afecto y contención emocional. Los niños son muy sentidos y se dan cuenta de cuando estamos enfadados y pueden dudar de que les sigamos queriendo. No está de más que de manera explícita les digamos cuánto les queremos. “Mira, cariño, te quiero mucho, pero esto no es posible”. Agachados, mirándole a los ojos, en un tono bajito”.
  3. Evitar las grandes explicaciones. Repetir el mensaje tranquilamente, acompañándoles”.
  4. Redirigir, apelar a su mente racional, pero no cuando esté tirado en el suelo del súper gritando”.

Otro de los puntos difíciles en la gestión de las rabietas y que nos hacen dudar es si en algún momento debemos ceder o no.

Alberto dice que se puede ceder, pero tenemos que tener en cuenta dos cosas: primero, que sentamos precedente y, segundo, ojo con el momento en el que cedemos. Aclara el experto que si nos pide el huevo de chocolate y nosotros no queremos dárselo, podemos ceder, pero antes de darle una respuesta negativa. “Lo que sí tenemos que evitar a toda costa es decirle: ‘No, no te pienso comprar el huevo de chocolate’. El niño estalla en una rabieta y después de cinco minutos de rabieta, para no escucharle más, cedemos y le compramos el huevo de chocolate”, explica Alberto. Eso sí que es un error porque aprende que la rabieta es un recurso válido para conseguir sus objetivos. Una vez iniciada la rabieta, lo mejor es no ceder.

 

Somos su ejemplo

El modelo que les damos es muy importante, nos explica Alberto. Ellos nos están observando las 24 horas del día y somos su ejemplo, por lo tanto:

“Si no queremos que chillen, no tenemos que chillar nosotros.

Si no queréis que usen la fuerza con los demás, no utilicéis vosotros la fuerza.

Ceded si queréis que ellos sean flexibles y que de vez en cuando puedan ceder.

Si queréis que ellos pidan perdón, vosotros también podéis pedir perdón”, aconseja.

Dicho todo esto, el experto nos sugiere hacernos una pregunta cuando se den muchas de estas rabietas: “¿Es tan importante? Es decir, que quiera el sandwich en triángulos en vez de en cuadrados, ¿merece tanto la pena una gran discusión?”

Señala Soler que esas “son cosas que mañana no van a tener ninguna importancia y por esas cosas pequeñitas no vamos a crear niños consentidos. Estamos siendo sensibles al momento de desarrollo en el que se encuentran”.

 

Cuándo debemos preocuparnos a causa de ñas rabietas

Para terminar, Alberto hace una aclaración. Y es que las rabietas son normales, pero hay un momento en el que debemos preocuparnos:

  • Si no disminuyen a partir de los 4 años.
  • Si siguen siendo igual de frecuentes y de intensidad muy elevada.
  • Si las rabietas van acompañadas de un pobre desarrollo a nivel verbal, cuando hay poco interés en las relaciones sociales, cuando hay poco contacto ocular con los padres…
  • Que nos alerten por parte de la escuela.
  • Si produce mucha alteración a nivel familiar.

Si alguna de estas o varias se producen, Alberto recomienda que se lo consultemos al pediatra.

Esperamos que te haya resultado interesante este taller de Alberto Soler sobre la gestión de las rabietas. Si quieres saber más sobre este tema o descubrir más vídeos de Alberto, en la plataforma encontrarás muchos vídeos, algunos de ellos elaborados por el propio Alberto, con los que aprenderás mucho. Date de alta por solo 6,95 €/mes.

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Sobre el autor

Ana Nieto
Ana Nieto
De pequeña jugaba a las profesoras. Ponía a mis muñecas sentadas encima de la cama, una cartulina negra en la pared clavada con una chincheta y me convertía en la profe más guay del “colegio”. O eso me creía yo. Luego me hice periodista porque me gusta escribir y contar historias. Me interesan mucho los temas sociales, la educación, la igualdad de género y creo firmemente que entre todos podemos construir un mundo mejor (o al menos mejorar un poquito el nuestro).