Escenas educativas 40: “Un cartel que rompe (a lo bestia) las hélices a los padres helicóptero”

Más allá de sus ojos
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Escenas educativas 40: “Un cartel que rompe (a lo bestia) las hélices a los padres helicóptero”

Escenas educativas 40: “Un cartel que rompe (a lo bestia) las hélices a los padres helicóptero”

Nagore nos escribe sobre el cartel que cuelga en un colegio de Arkansas con una señal de STOP que pide a los padres que no entren en el cole para dar a sus hijos algo que se les ha olvidado en casa. Y confiesa que, aunque no le gusten las formas, ella una vez se debatió entre regresar a casa a por el almuerzo olvidado de su hija o dejar que aprendiera de las consecuencias. Si quieres compartir tus reflexiones, escribe a autores@gestionandohijos.com. 

 

Imagen del cartel. Fuente: Facebook

Hace unos días, un cartel colgado en la Catholic Hihgh School For Boys (Instituto Católico para Chicos) de Arkansas y compartido desde su perfil en Facebook se volvió viral y fue objeto de numerosos artículos en prensa. Este cartel decía exactamente así: “STOP. Si quiere entregar el almuerzo, libros, deberes, material, etc. que su hijo ha olvidado, por favor DESE LA VUELTA y salga del edificio. Su hijo aprenderá a resolver sus problemas en su ausencia” (advierto que el subrayado y las mayúsculas son fieles al texto original). En un momento en el que los más frecuentes calificativos que recibimos los padres, sobre todo en Estados Unidos, son “helicóptero” o “sobreprotectores”, este cartel parece como si alguien nos metiera un dedo en el ojo o en una llaga. Y quizá a muchos padres y madres les (o nos) ponga a la defensiva, por su tono claramente no amable. Porque, querido equipo directivo del Instituto Católico para Chicos, muchos padres y muchas madres enseñamos a nuestros hijos a resolver problemas. No es algo que sólo vayan a aprender en nuestra ausencia, como se podría sobreentender de su cartelito.

Pero ¿sabéis qué? Que en el fondo estoy bastante de acuerdo con el mensaje (y profundamente en desacuerdo con la forma, claro está). No hay que olvidar que los niños que van a esta escuela no son niños de 5 años que no puedan responsabilizarse de su almuerzo o material, no. Los alumnos de este instituto tienen, como poco, 14 años. Si tenemos esto en cuenta cambia bastante la historia y ya no vemos este cartel como un anuncio de tortura para niños muy pequeños. He de reconocer que hace un par de años mi hija de 8 años olvidó coger su almuerzo de la cocina porque estaba jugando y no me hizo caso cuando le advertí que lo cogiera, que nos íbamos al colegio. Cuando me di cuenta del olvido, después de que ella entrara en el cole, estuve tentada de volver a casa corriendo, llevarle el almuerzo al cole y llegar tarde al trabajo. Pero reflexioné. No fue la pereza de correr de esa manera y el apuro que me daba llegar tarde a la oficina lo que hizo que me decantara por dejar a mi hija sin almuerzo. Fue pensar que no estaba mal que mi hija aprendiera a ser responsable de sus cosas viviendo las consecuencias de sus actos. Pero, como no somos todo coherencia, el sentimiento de culpa vino a visitarme muchas veces mientras trabajaba. Me imaginaba a mi hija mareada en el recreo sin su almuerzo, pasando una vergüenza tremenda por haber olvidado su pequeño bocata o incluso en la enfermería por una bajada de azúcar. Os podéis imaginar que estuve a punto de llamar al colegio para saber si mi hija estaba bien, que me pegaba un susto tremendo cada vez que sonaba el móvil pensando que sería su profesora para contarme que mi hija estaba en el hospital… En fin, ahora me río de mi dramatismo, pero en su momento me venían a la mente imágenes terroríficas. “Y todo por no llevarle su bocata”, me decía mi yo acusador. 

Cuando fui a buscarla al cole, no tenía cara de mareo, no parecía avergonzada por haber olvidado el almuerzo y estaba bastante contenta. Me contó que había hecho un picnic en el patio con sus amigos y que todos compartieron de todo para que ella pudiera almorzar, porque tenía mucha hambre. Y que ella había prometido que mañana llevaría frutos secos para compartir en el picnic, “así que, mamá, me voy a poner una nota en la puerta de casa para que no se me olvide, para que no pase lo de hoy”. Ni que decir tiene que al día siguiente mi hija llevó sus frutos secos para el picnic en el patio del colegio. Y que creo que si le hubiera llevado el almuerzo mi hija habría perdido la oportunidad de aprender tres importantísimas lecciones: la primera, la responsabilidad, la segunda, la capacidad de buscar soluciones a un problema, y la tercera, el enorme poder de la amabilidad, la amistad y la generosidad para convertir en genial un día que se anunciaba terrible por un pequeño error.

Yo creo que, si en más colegios quieren cortar las hélices de los padres y madres helicóptero (algo quizá muy necesario por el bien de sus hijos), deberían tratar de hacerlo de un modo más positivo: con reuniones cara a cara, explicando por qué es importante para la educación de nuestros hijos que no corramos a sacarles las castañas del fuego y subrayando todo lo que pueden aprender de un pequeño olvido. Porque con carteles como este no se alimenta el debate, sino el desencuentro entre padres y escuela. Y eso, al igual que los helicópteros, no es bueno para nuestros hijos. 


Imagen: Annie Spratt /Unsplash

 

Sobre el autor

Gestionando hijos
Gestionando hijos
Gestionando hijos es un proyecto cuyo objetivo es colaborar con madres y padres en su labor educativa. Uno de los pilares fundamentales de una buena sociedad es apoyar la tarea de las madres y padres que lideran los hogares y la educación de sus hijos. Por eso, queremos acompañarles en este apasionante viaje educativo, aportando ideas, reflexiones y estrategias que les ayuden a conseguir ese objetivo, que entendemos que es el de todos. Esperamos que también el tuyo :)

1 Comment

  1. […] Como nos dice Sara Escudero, nos esforzamos mucho en “llevar al niño monísimo al colegio” sabiendo que “cuando vuelva parecerá salido de una batalla”. Teniendo esto en mente, quizá no le demos tanta importancia a que las trenzas estén perfectas o a que todos y cada uno de los pelos de nuestro hijo estén en el lugar que les tenemos asignado. Recordaremos que no se acaba el mundo si llegan un día tarde a clase, como le dijo su hijo a Paula o que cuando se les olvide el almuerzo probablemente aprenderán una lección de generosidad por parte de sus compañeros, como nos contó Nagore. […]

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