El ejemplo de Cristiano Ronaldo

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El ejemplo de Cristiano Ronaldo

Seguro que lo sabes. Cristiano Ronaldo, la gran estrella del fútbol, ha vuelto a Madrid. No ha vuelto a los terrenos de juego sino para ser condenado a casi dos años de cárcel y a pagar 19 millones de euros por haber defraudado a la Hacienda, es decir, a todos.

Seguro que lo has visto. Cristiano Ronaldo subiendo las escaleras del juzgado entre más de 100 periodistas y muchas más personas deseando abrazarle, pedirle un autógrafo, decirle cuánto le quieren. Nos imaginamos que a miles de personas les hubiera gustado estar cerca de su ídolo, llevar a sus hijos a verle desde tan cerca. Y creemos que esas personas se equivocan y les pedimos, humildemente, que antepongan – en el ejercicio de su importante labor educativa –  el decoro a la pasión futbolística.

Una de nuestras importantes funciones, como padres, es ayudar a que nuestros hijos aprendan a distinguir lo bueno de lo malo. Y a saber diferenciar en una misma persona o hecho lo bueno de lo malo, sabiendo jerarquizarlo (darle un orden de importancia).

Cristiano Ronaldo es un defraudador y es un excelente futbolista. Cristiano Ronaldo ha pretendido evadir sus responsabilidades como contribuyente y engañarnos. Con su actitud podemos derivar que a su entender ese dinero estaba mejor en su cuenta corriente que siendo destinado a las necesidades del Estado, de sus ciudadanos. Si todos seguimos el ejemplo de Cristiano (¿por qué no hacerlo? Es nuestro ídolo y lo suyo es que hagamos lo que hacen nuestros ídolos) es probable que todos tengamos más dinero en nuestra cuenta corriente pero que nuestras escuelas, sanidad o carreteras dejen de funcionar.

Cuando un padre lleva a su hijo a la puerta del juzgado (sea física o virtualmente) para encumbrar al delincuente futbolista, está señalando un camino para su hijo: el del engaño, de la insolidaridad. Cristiano aparece en la televisión como una estrella del fútbol, de la moda.  No pide disculpas a los aficionados y ciudadanos que tantos aplausos le dieron. En ese momento  creo que tenemos la obligación de explicarle a nuestros hijos qué es un juzgado, qué es un defraudador, qué es lo que ha hecho Cristiano y decirles qué es lo que se espera de los ciudadanos como contribuyentes solidarios. Es el momento de educar a nuestros hijos para distinguir al futbolista del defraudador. Del genio del delincuente. Y ayudar a nuestros hijos a anteponer en su vida una cosa a la otra.

Las madres y padres influimos en la vida de nuestros hijos y, por tanto, en la vida de la sociedad presente y futura. Cada uno de nosotros elegimos con nuestros actos y palabras como queremos que sea nuestro paso por la vida para hacer que la vida sea diferente.

“Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia” Marcel Proust.

“Una cosa es saber y otra es saber enseñar” Cicerón.

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Sobre el autor

Leo Farache
Leo Farache
Nacido en Madrid, de la añada del 63. Su vida profesional ha estado ligada al mundo de la comunicación, gestión, marketing. Ha dirigido algunas empresas y escrito tres libros (“Los diez pecados capitales del jefe”, “Gestionando adolescentes”, “El arte de comunicar”). Ha ejercido de profesor - “una profesión que nos tenemos que tomar todos más en serio” – en la Universidad Carlos III, UAM y ESAN (Lima) en otras instituciones educativas. Es padre de tres hijos y ha encontrado en la educación su elemento. Fundó en 2014 la empresa Educar es todo desde donde opera la iniciativa Gestionando hijos que tiene como objetivo ofrecer ideas e inspiración educativa a madres y padres que quieren saber más para educar mejor.