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Los 10 mandamientos de Gestionando Hijos

El arte de castigar

Cuando alguno de nuestros hijos tiene un comportamiento indeseable, y saben perfectamente que han hecho mal, solemos tomar la decisión de castigarles (en lugar de que asuman las consecuencias de sus actos). Es importante esta diferenciación, pues no es lo mismo el castigo que las consecuencias. En la plataforma Gestionando hijos encontrarás la diferencia en un vídeo en el que nuestra experta Maite Vallet lo explica perfectamente.

Es importante enseñar a nuestros hijos que todos los actos tienen consecuencias. Pero no solo cuando son pequeños, lo mismo ocurre cuando somos adultos. Somos expulsados del trabajo si nuestro comportamiento es indeseable para nuestro jefe; multados si sobrepasamos el límite de velocidad o conducimos habiendo bebido alcohol; vamos a la cárcel si delinquimos…

Tanto en un caso como en el otro, el castigo o la consecuencia debería tener el objetivo de que el niño o el adulto aprenda – mejor dicho, aprehenda – e interiorice la lección y no vuelva a cometer ese comportamiento determinado.

En cambio, sabemos por propia experiencia que nuestros castigos son frecuentemente inútiles, porque nuestros hijos vuelven a tener ese comportamiento, en lugar de hacernos caso.

Y de adultos, también sabemos que la supuesta reinserción del preso en la vida fuera de la cárcel puede ser un fiasco, y que algunos de ellos son reincidentes. Veamos un caso muy interesante relacionado con el tema que nos atañe.

La prisión noruega de Halden

Las altas tasas de reincidencia se producían entre los presos de la cárcel de alta seguridad noruega de Halden. Las autoridades han reconvertido el sistema punitivo por un sistema educativo. Su objetivo es reconvertir estas personas en buenas personas. Han pasado de la ira y la violencia, a un trato tranquilo, pacífico donde los vigilantes son entrenados de forma específica durante meses. Los resultados son muy buenos: la tasa de reincidencia bajó en un 25% en cinco años.

La inversión en cada prisionero en Halden es muy alta: 120.000 € al año. El retorno económico y social es también muy grande: personas que se rehabilitan, que son ejemplo para otras, se reinsertan y son productivas desde todos los puntos de vista. Los presos aprenden que se han equivocado, lo reconocen y se convencen de lo inadecuado de su conducta. Demuestran, así, el valor que tiene la educación. La gran mayoría de ellos no son malos, aprendieron a ser malos. El enfoque generoso, profesional, de las autoridades noruegas han conseguido que los presos noruegos sean los mejores tratados del mundo y que se reinserten.

Enseñanza educativa

Conseguir que nuestros hijos dejen de comportarse indeseablemente es un éxito educativo. Como lo es que un preso aprenda a respetar a los demás, las normas, a ser un “buen vecino”. Como las autoridades noruegas, necesitamos invertir. En nuestro caso, inteligencia, técnica y tiempo. Nuestro reto es lograr que esa hija o hijo que, por la razón, que sea no hace buenas elecciones siendo consciente de ello y queremos que aprenda.

Hay dos enfoques didácticos diferentes: castigo (un enfoque punitivo) o de la consecuencia (aprende para no cometer más errores, sabiendo que tus actos tienen consecuencias que te van a enseñar).

La consecuencia nos permite un diálogo educativo: ¿qué has aprendido? ¿qué consideras que debemos hacer si has vuelto a hacerlo? ¿quieres comprometerte? ¿qué conclusiones? que debiera prevalecer sobre un monólogo punitivo “te quedas sin fin de semana”, “eres un desastre, eres malo, has vuelto a hacerlo”.

Todos aprendemos de las consecuencias de nuestros actos. Si llegamos tarde al cine no podemos ver la película, si no nos cuidamos, nos sentimos mal, si no nos esforzamos, no tenemos resultados. Nuestros hijos aprenden de las consecuencias que hemos pactado con ellos y que tienen que ver con el acto que han cometido (aquí puedes ver algunos ejemplos prácticos).

Te propongo que tomes el castigo (en realidad la consecuencia) como un arte. Como la capacidad de transformar el pensamiento y la actuación de tu hija o hijo gracias a tus palabras, a tu forma de enfocar el problema. Quizás vuelva a reincidir y tú tendrás que seguir modelando una nueva obra, como artista que eres.

 

Damos respuesta a tus inquietudes educativas en la plataforma Gestionando hijos www.gestionandohijos.com. Puedes dejar que los expertos se cuelen en tu casa todos los días del año.

 

 

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Sobre el autor

Leo Farache
Leo Farache
Nacido en Madrid, de la añada del 63. Su vida profesional ha estado ligada al mundo de la comunicación, gestión, marketing. Ha dirigido algunas empresas y escrito tres libros (“Los diez pecados capitales del jefe”, “Gestionando adolescentes”, “El arte de comunicar”). Ha ejercido de profesor - “una profesión que nos tenemos que tomar todos más en serio” – en la Universidad Carlos III, UAM y ESAN (Lima) en otras instituciones educativas. Es padre de tres hijos y ha encontrado en la educación su elemento. Fundó en 2014 la empresa Educar es todo desde donde opera la iniciativa Gestionando hijos que tiene como objetivo ofrecer ideas e inspiración educativa a madres y padres que quieren saber más para educar mejor.