¿Es posible educar a nuestros hijos sin miedo?, por María Soto

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¿Es posible educar a nuestros hijos sin miedo?, por María Soto

Todos sentimos miedo. El miedo nos hace seguir moviéndonos y evita el estancamiento, funcionando muchas veces como combustible dentro de nuestro motor interno. Y cuando se trata de educar a nuestros hijos, el miedo también está presente, alertándonos, haciendo que nos preocupemos, avisándonos. Sobre esto nos habló la experta en disciplina positiva, María Soto, en el último acto de Gestionando Hijos en Alicante.

María Soto comenzó su ponencia advirtiendo que “el miedo es necesario, pero lo que no puede ser es que el miedo sea el timón en nuestra vida”. Y es que muchas veces el miedo nos hace montarnos películas, anticiparnos a peligros que ni siquiera existen, “porque el miedo ya sabe lo que va a pasar”. Por eso es tan importante intentar educar a nuestros hijos e hijas desde la prudencia, y no desde el miedo, porque muchas veces por intentar evitar nuestros peores miedos, acabamos sacando nuestra peor versión.

5 reflexiones para educar a tus hijos sin vivir en el pánico

  1. ¿Qué le estoy transmitiendo?

Nuestros hijos e hijas interpretan nuestras emociones, nos captan, nos leen. La parte racional del cerebro de nuestros hijos se va formando a partir de sus experiencias emocionales. Entonces, cuando los niños no saben qué pasa, con lo que se van a quedar es con lo que nosotros, padres y madres (y también su entorno), les estemos proyectando. María Soto explica esto con un ejemplo muy útil: “Estáis todo el verano convenciendo a vuestro hijo de que el colegio es el mejor sitio del mundo, pero llega a la puerta y se encuentra a 20 niños llorando, ¿qué hace vuestro hijo?”.

  1. ¿A qué tenemos miedo?

Problemas con la comida, niños retadores, rabietas, actitud desafiante… Estas son situaciones con las que los padres y madres tenemos que lidiar habitualmente y que tanto miedo nos provocan. No obstante, es importante que tengamos en cuenta que esto es en lo que consiste “ser niño”, apunta María, “esto no debería darnos miedo o preocuparnos, esto son las capacidades que traen nuestros niños y que hay que perfilar para convertirlas en habilidades para la vida”.

  1. ¿Hay que erradicar las malas conductas de nuestros hijos?

Antes que nada, María Soto apunta: “No se trata de malas conductas, son malas decisiones” que, en lugar de erradicar, sería conveniente entender las motivaciones que llevan a nuestros hijos e hijas a tomar esas decisiones y ayudarles a que tengan buenas ideas.

  1. ¿Qué necesitan nuestros hijos para saber que les tenemos en cuenta?

Atención, poder, justicia y capacidad. “Cada vez que nuestros hijos tienen un ‘mal comportamiento’ o toman una mala decisión es porque creen que les falta algún elemento de esta lista”, explica María. Porque, aunque nosotros como padres y madres intentemos ser lo más justos posible, dotarles de poder, ser justos y capacitarles, puede que ellos no lo perciban de esta manera.

  1. Tengamos el valor de ser imperfectos

En este sentido, conviene preguntarnos: ¿qué queremos? ¿que nuestros hijos no fallen o que aprendan de sus errores? Esta misma lógica nos la tenemos que aplicar a nosotros mismos, tenemos que permitirnos fallar y, por ende, aprender de los errores cometidos. Como bien dice María, “esa idea de calma, de tranquilidad, de padres perfectos… eso no existe”.

 

Para concluir su ponencia, María lanzó al público dos consejos más, los mismos que le daban a ella sus padres cuando era joven: “Tened el valor de ser vosotros mismos, de ser diferentes”; y, por otro lado, “no os preocupéis por hacerlo bien, hacedlo bonito”. Si te interesa leer más sobre cómo educar a nuestros hijos sin caer en el miedo constante, aquí te dejamos la intervención completa de María en el acto de Gestionando Hijos en Alicante.

 

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Sobre el autor

Marina Borràs
Marina Borràs
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política principalmente porque me apasiona escribir, siento la necesidad de hacer llegar a la gente temas que considero importantes y no consigo estar callada ni cuando duermo. Y además, creo firmemente que el periodismo es educación y la educación es política, por eso entiendo estos tres ámbitos como piezas clave que deben ir entrelazadas para conseguir, entre todos, la mejora de nuestra sociedad.