5 pautas para educar la fuerza de voluntad en nuestros hijos

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5 pautas para educar la fuerza de voluntad en nuestros hijos

Cómo educar la fuerza de voluntad a nuestros hijos

Decía Einstein que “hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: y esa es la voluntad”. Sería genial que siempre nos apeteciera hacer todo, pero hay obligaciones que, en determinados momentos, nos cuesta hacer. Sabemos que a largo plazo es bueno para nosotros, que tiene un beneficio, pero el esfuerzo que requiere a corto plazo es superior. Señala Patricia Ramírez en un vídeo de nuestra plataforma sobre educar la fuerza de voluntad, que “si tuviéramos la motivación y pasión suficiente, no nos haría falta fuerza de voluntad”, pero no siempre es así. Y a los niños les pasa lo mismo. Ponerse a hacer los deberes o a estudiar cuando llegan por la tarde y tienen ganas de sentarse a ver la tele, requiere que hagan un esfuerzo tan grande que hace que pongan mil problemas y excusas y, por eso, muchas veces tenemos conflictos en casa. Educar la fuerza de voluntad en nuestros hijos desde que son pequeños es fundamental, y Patricia Ramírez, psicóloga del deporte y de la salud, nos va a dar unas pautas.

Educar la fuerza de voluntad

“La fuerza de voluntad se asocia con el esfuerzo necesario que necesitamos para alcanzar objetivos a corto plazo, que suponen un sacrificio, pero que nos benefician a largo plazo”, define Patricia. Pero esto se enfrenta a dos problemas principalmente:

  • La renuncia. “Cuesta mucho pensar en el largo plazo y dejar ese placer inmediato”, reconoce la experta, y nos pone el ejemplo de cuando te levantas media hora antes para correr. Es un esfuerzo muy grande renunciar a esa media hora de sueño para ir a correr, pero sabes que a largo plazo te va a dar un beneficio.
  • Deseo. Está muy relacionado con el anterior. “Es cuando sentimos el deseo de algo y queremos satisfacerlo de manera inmediata”, dice Patricia, por ejemplo, cuando queremos chocolate y queremos satisfacer ese deseo en ese momento, no podemos esperar.

¿Qué podemos hacer para hacer frente a estos problemas y educar la fuerza de voluntad de nuestros hijos? Patricia Ramírez nos aporta 5 pautas muy prácticas:

  1. “Enséñales a esperar, parar, frenar. Solo se trata de retrasar el deseo, no de reprimirlo”. Añade la psicóloga que si ese deseo es tan intenso, también lo tendrás dentro de 15 minutos o media hora.
  2. “Enséñales a priorizar. Primero el deber, luego el placer. Cada recompensa tiene que tener su motivo”. “Primero hay que hacer los deberes y luego ves la tele”. Y una cosa es muy importante, dice Patricia, cuidado con dejarle un día que vea primero la tele y luego haga los deberes, “si sientas un precedente y un día le dices que vale, mañana te lo va a volver a pedir”.
  3. “No contestes de inmediato a todo ni estés disponible cada vez que llamen, enséñales a esperar su turno”. La psicóloga hace hincapié de nuevo en el concepto de esperar, enseñarles a esperar es vital. Vivimos en el mundo de la inmediatez y nuestros hijos están acostumbrados a tenerlo todo cuando quieren, en ese instante, por eso son tan impacientes. Pedro García Aguado, en uno de nuestros eventos en Madrid, ponía el ejemplo de los carretes de fotos. Antes de que existieran las cámaras digitales, cuando hacíamos fotos, teníamos que esperar a acabar el carrete (muchas veces podía ser de un verano para otro), y luego una semana o diez días hasta que en la tienda te dieran las fotos. Nosotros estábamos enseñados a esperar. Ahora los niños no. ¡Y tenemos que enseñarles!
  4. “Enséñales a planificarse. Cuanto menos dejemos a la improvisación, menos obstáculos tendrán”, afirma Patricia Ramírez.
  5. Por último, “enséñales a ser compasivos contra el error, porque el error ya no tiene solución”. Nos dice Ramírez que no tiene sentido autoflagelarse cuando haces algo mal porque eso no nos convierte en más responsables. La responsabilidad es hacer lo que dices que vas a hacer, nada más. Si te has equivocado, no pasa nada.

 

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Sobre el autor

Ana Nieto
Ana Nieto
De pequeña jugaba a las profesoras. Ponía a mis muñecas sentadas encima de la cama, una cartulina negra en la pared clavada con una chincheta y me convertía en la profe más guay del “colegio”. O eso me creía yo. Luego me hice periodista porque me gusta escribir y contar historias. Me interesan mucho los temas sociales, la educación, la igualdad de género y creo firmemente que entre todos podemos construir un mundo mejor (o al menos mejorar un poquito el nuestro).

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