Educar en la autoestima y la autocrítica es compatible

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Educar en la autoestima y la autocrítica es compatible

Si una persona busca en Google “educar en la autoestima” encontrará muchas entradas con una relación directa con ese objetivo educativo. Parece razonable. La autoestima es fuente de seguridad para nuestros hijos y alumnos. Quererse, aceptarse a uno mismo es fuente de felicidad y de una relación fructífera con los demás.

Podemos y debemos educar a nuestros hijos para desarrollar esa autoestima. Cuidando nuestras palabras que llegan a su cerebro, dejándoles hacer, fomentando su autonomía (sin autonomía no hay autoestima dice Heike Freire en uno de los vídeos de la plataforma Gestionando hijos), generando confianza y optimismo, tal como nos invita Begoña Ibarrola, recordando el efecto Pigmalión, de eso nos habla Patricia Ramírez.

Tener autoestima no es ser arrogante. La arrogancia es la máxima expresión de ignorancia. La autoestima y la arrogancia nada tienen que ver entre ellos, salvo que nuestro amor por nosotros mismos nos impida entender, escuchar al otro, una de las maravillas que nos diferencian como especie. Es posible que el arrogante sea, además de ignorante, una persona con baja autoestima que piensa y actúa como un ser al que el resto del mundo le debiéramos algo. El arrogante confunde su ignorancia – que jamás reconocerá– con una alta autoestima.

Llegados a este punto tenemos varios elementos: la deseable autoestima y las indeseables arrogancia e ignorancia.

Ahora te propongo incorporar otro concepto: el de la autocrítica. La capacidad de auto evaluarse, de reconocer los aciertos y los errores, de pedir perdón, de estar capacitado para cambiar los planes. De ser, por tanto, flexibles; algo que cualquiera desearíamos para nosotros mismos y para nuestros hijos.

Me da la impresión – dicho con toda la humildad- que vemos más arrogancia e ignorancia que autoestima sana y autocrítica. Es más infrecuente encontrar a quien reconoce sus errores que a quien los justifica. Javier Gomá dice que la misión de la educación es la de tener personas capacitadas para desenvolverse en la vida, que tengan conocimiento. Y que siendo importante tener una sociedad con personas con conocimiento lo es aún más que la educación convierta a nuestros niños y jóvenes en ciudadanos capaces de convivir. Con arrogancia y sin autocrítica es más difícil convivir. O convivir se hace menos apetecible.

Desde estas líneas te invito a ti, que eres ejemplo para tus hijos (y alumnos si eres profesor) a que practiques la autocrítica y que ayudes a nuestros futuros votantes, trabajadores, ciudadanos a saber identificar y reconocer lo que pueden mejorar. Las anheladas autoestima y autocrítica son compatibles, depende de la educación como en otras tantas cosas.

Si le preguntáramos a cualquiera de los cinco principales líderes políticos sobre si tienen autoestima, es posible que se sorprendieran por la pregunta y respondieran con un sí o un por supuesto contundente, claro, alto y firme… me atrevo a decir que arrogante. Los ciudadanos sabemos de su escasa capacidad de autocrítica, de autoevaluarse, de reconocer el acierto ajeno y los errores propios. Los políticos son, como los medios de comunicación, corresponsables de trasladarnos modelos educativos

Me pregunto, ¿no será que estamos en manos de ignorantes?

 

Si quieres buenas pistas para educar a tus hijos en una sana autoestima te recomendamos que te suscribas a la plataforma Gestionando hijos donde María Soto, Álvaro Bilbao, Patricia Ramírez, Javier Urra, Begoña Ibarrola, José María Gasalla, Cristina Gutiérrez Lestón, Lucía Galán, Carmen Cabestany te propones ideas que te serán de utilidad.

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Sobre el autor

Leo Farache
Leo Farache
Nacido en Madrid, de la añada del 63. Su vida profesional ha estado ligada al mundo de la comunicación, gestión, marketing. Ha dirigido algunas empresas y escrito tres libros (“Los diez pecados capitales del jefe”, “Gestionando adolescentes”, “El arte de comunicar”). Ha ejercido de profesor - “una profesión que nos tenemos que tomar todos más en serio” – en la Universidad Carlos III, UAM y ESAN (Lima) en otras instituciones educativas. Es padre de tres hijos y ha encontrado en la educación su elemento. Fundó en 2014 la empresa Educar es todo desde donde opera la iniciativa Gestionando hijos que tiene como objetivo ofrecer ideas e inspiración educativa a madres y padres que quieren saber más para educar mejor.