Educación de toda la vida

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Educación de toda la vida

La frase más peligrosa de la historia, «siempre se ha hecho así», «a mí me lo hacían y no he salido tan mal…». La sentencia de muerte de cualquier esperanza de evolución y mejora de la raza humana en general y de la educación, en particular. Porque nada podrá mejorar en este mundo si no afrontamos cambios. Si perpetuamos en las nuevas generaciones algunas formas de ver el mundo que ya deberían haber desaparecido no habremos avanzado en nuestro objetivo de mejorar las vidas de nuestros hijos.

“De toda la vida se ha hecho así y no hemos salido tan mal”, “pues a mí me zoscaban de vez en cuando y no tengo ningún trauma”, “en mi casa había mucha disciplina y no pasaba nada”, “no entiendo por qué ahora hay tantas tonterías con los niños, un grito bien dado a tiempo, como me daban mis padres, y todo resuelto”… Y así seguimos, y seguiremos, educando, trabajando, viviendo, saliendo de cañas, fregando platos, escribiendo y viviendo como se hacía hace 30, 40 ó 50 años… ¿O no?

Como escarpias se me ponen los pelos al escuchar y observar a algunos adolescentes “viejunos” en cualquier entorno, en la calle, en el parque, en el bus. Preadolescentes de catorce años que se ríen de un chico por llevar un bolso, jóvenes con actitudes violentas, chavales que persiguen a sus novias en redes sociales, miradas de odio y temor a lo diferente, a lo ajeno. Veo perpetuadas en buena parte de los miembros de esa generación Z o la generación del milenio muchas de esas actitudes y maneras de ver y estar en el mundo que deberíamos haber desterrado antes de cambiar de siglo. Y, lo que para mí es peor de todo, no hay dudas, no hay preguntas, no hay ganas de cambiar el mundo, las cosas son así y punto ¿Por qué?

La respuesta a esta pregunta sueles encontrarla al ver a los padres de esos adolescentes y jóvenes. En sus caras, sus palabras y actitudes, en el 90% de los casos, verás el reflejo de los gritos, la férrea disciplina, la manera de entender el mundo como un lugar hostil que les han transmitido sus padres.

Dejemos las lavadoras y las tablets

Porque si lo mejor es seguir haciendo las cosas, educando, trabajando, viviendo como antaño, ¿por qué tenemos lavadoras, lavavajillas, ordenadores, tablets o coches más rápidos? Si la mejor manera de hacer las cosas es exactamente la misma que empleaban nuestros padres y nuestros abuelos, ¿para qué cambiar nada? ¿Para qué siguen investigando los sociólogos, la neurociencia, los educadores? Y no, no digo que nuestros padres o abuelos lo hayan hecho mal, ni mucho menos. Sino que lo hicieron lo mejor que pudieron/supieron con los conocimientos y herramientas que tenían a su disposición en aquel momento, que no son los mismos que los que tenemos ahora.

Hace tiempo vi en redes sociales esta imagen, una de esas que se hacen virales  y que traspasan fronteras “La frase más peligrosa del mundo es: Siempre lo hemos hecho así”. Esta maravillosa puerta al conocimiento fue pronunciada hace ya unas décadas por una auténtica genio, Grace Hopper, oficial de las fuerzas armadas estadounidenses y programadora. Su mente inquieta le llevó a hacerse mil y una preguntas, a avanzar, a investigar. Tengo que reconocer que nunca había oído hablar de ella hasta que leí esta frase en Facebook, pero no puedo estar más de acuerdo con la mayor parte de sus afirmaciones.

Porque, efectivamente, el ser humano padece una alergia recalcitrante a los cambios. Recibimos una educación y, de forma inconsciente, tendemos a reproducir de nuestra experiencia con nuestros hijos al mismo tiempo que solemos repetir frases como “espero que consiga muchas más cosas que yo en la vida” o, “quiero que pueda ser más feliz de lo que yo lo he sido”. Bien, traigo malas noticias: para que el mundo avance, para que la sociedad evolucione, son necesarios los cambios.

Si el mundo ha avanzado, ha sido a fuerza de cambios, de pruebas, de intentonas, muchas fallidas, de acuerdo, pero muchas otras acertadas. El cambio es necesario para mejorar la especie. Recuérdalo cada vez ue alguien te eche en cara que hagas algo diferente. Grábatelo a fuego cada vez que en tu vida de madre se plantee alguna disyuntiva que no sepas cómo resolver. Recuerda que los grandes logros de las luchas sociales en el último siglo se han conseguido porque alguien puso en duda ese «de toda la vida», esa manera de hacerlo todo «como siempre».

Porque si todo se siguiese haciendo “como se ha hecho siempre” las mujeres seguiríamos sin tener derecho a voto, las personas de color seguirían siendo marginadas hasta en el transporte público.

Cualquier tiempo pasado no fue mejor, ni peor, al menos no de manera absoluta. Porque no hay totalmente blanco ni negro en este mundo. Porque tenemos que coger lo bueno del pasado, la esencia de la educación basada en valores reales, el contacto con la naturaleza y un montón de cosas que hemos perdido por el camino, por supuesto.

Así que hoy te traigo una propuesta. Cojamos todo lo bueno del pasado: el trato humano, la cercanía, el calor, esa independencia que tenían los niños hace 40 años, cojamos unas gotitas de disciplina, otras tantas de solidaridad, quizás un mucho de “sentidiño” (sentido común a la gallega), otra dosis de respeto y una pizca de empatía. Lo removemos bien y utilizamos ese cóctel día a día aplicando nuevas formas y herramientas para ver el mundo y relacionarnos con él. Abandonamos la violencia y los golpes, los gritos y enfrentamientos, desterramos el inmovilismo y la dejadez y lo salpimentamos con nuevas experiencias para conseguir la fórmula perfecta, esa personal e instransferible que todos tenemos que buscar para educar a nuestros/as hijos/as.

*Porque sólo tú puedes llegar a ese resultado final, a encontrar la mejor fórmula para educar a tus hijos.

*Sólo tú conoces de verdad a tus hijos y su realidad, sólo tú puedes observar lo que os rodea día a día para buscar la mejor forma de adaptarse a ese mundo y de sacarle el mayor de los provechos posibles.

*Porque no existe ninguna fórmula magistral para educar, no importa lo que hayas leído en ningún libro, manual, ni en el post del mejor blog de maternidad o educación.

Sólo tú puedes y debes tomar esas decisiones con un cierto criterio y nunca te olvides de recordárselo a todos esos que a diario se entrometen en tus decisiones. A los que te recomiendan que vuelvas a la “educación de toda la vida” y también a aquellos que insisten en que eres una madre o un padre demasiado estricta/o.

Así que, al final, mi propuesta no es ni será nunca retomar la educación de “toda la vida”, pero tampoco ser “una madre moderna” o “un padre moderno”, sino buscar tu propio estilo educativo dejando siempre a un lado el miedo al cambio y a la innovación, al único método de aprendizaje que está científicamente demostrado que funciona: la prueba-error.


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Sobre el autor

Sonia Hermida
Sonia Hermida
Soy periodista con una iniciativa emprendedora sobre el mundo infantil ahora mismo, además de madre de dos peques únic@s e intento sobrevivir de la forma más feliz que puedo en este mundo :) Mi web es www.omundoaoreves.com Mi blog personal es www.destinooz.blogspot.com.es,