Escenas educativas vol. 1: «¿Numeritos o conexión?»

Mensajes detrás de un mal comportamiento
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Escenas educativas vol. 1: «¿Numeritos o conexión?»

Iniciamos una serie con ejemplos que nos gustaría que compartierais sobre escenas educativas, estrategias o herramientas que utilizáis para conectar con vuestros hijos y para educarlos con conciencia. No todo va a ser subrayar lo que está mal, ¿verdad? Hoy una lectora, Lucía García, nos manda su vivencia. Esperamos las vuestras en autores(arroba)gestionandohijos(punto)com. Animaos, ¡si queréis podemos poner un pseudónimo! 🙂

Tengo una hija, Emma, que tiene mucho genio. Siempre me digo, para consolarme, que eso le va a venir muy bien en la vida, que mejor que sepa lo que quiere y sepa defenderlo, pero la verdad es que a mí me complica un poco (por no decir mucho) el día a día y su educación. Aunque nadie dijo que ser madre o padre era fácil, ¿verdad? He leído mucho en vuestra web sobre el efecto Pigmalión, el peligro de etiquetar a nuestros hijos, y creo que a Emma a veces le he colgado el sambenito de “enfadona”. La verdad, he leído mucho, la teoría me la sé muy bien, pero seguro que no soy la única a la que la práctica no le acompaña con todo lo que sabe… Y creo que en parte estoy a medio camino entre los mensajes recibidos en mi infancia (yo creo que eran poco empáticos, utilizaban mucho el término “numeritos” y la idea de que los enfados de los niños eran un fastidio y se debían reprimir) y la teoría que he querido aprender de que hay que conectar con sus emociones, que no se pueden reprimir los enfados, que no hay que poner etiquetas… A mí el equilibrio entre amabilidad y firmeza a veces me cuesta encontrarlo.

Un día, hace ya algunos años, Emma se enfadó en un parque porque su papá cogió a nuestro segundo hijo, Miguel, a caballito. Y ella empezó a decir (y gritar) que no era justo, que Miguel ya tenía tres años, que no podía estar cansado…. Reconozco que pensé: “Vaya, ¡otro numerito más!”. ¿Sabéis cuando vuestra cabeza va a mil por hora buscando soluciones o ideas para educar bien? ¿Cómo si un ratón de bibioteca buscara en tu cabeza entre todos los libros que has leído, todo el sentido común que quizá tienes, y todas las experiencias que tuviste de niña, a ver si da con una idea buena? Pues creo que así estaba yo. En ese momento me dije que era importante conectar con la emoción de mi hija, que estaba celosa y era comprensible. Así que me puse de rodillas, a su altura, y le empecé a acariciar. Otras veces ella rehuía el contacto físico, pero esta vez no fue así. Creo, aunque fue hace años, que no le dije nada, solo la miré a los ojos y la escuché quejarse, cada vez más bajito, de lo injusto que era ser la hermana mayor, de lo injusto que era que cogiéramos a su hermano siempre a caballito, que no era la primera vez que lo decía… Después de un rato muy corto de relatar todas las injusticias que sufría, Emma se fue a jugar feliz. Tuvimos y tenemos muchas vivencias parecidas, en las que no se me enciende ninguna bombilla o en las que a ella no le apetece el contacto físico y creo que a veces yo soy la que termino teniendo una rabieta mayor, porque este tipo de escenas de enfados desbordados en plena calle me ponen muy nerviosa, pero he de decir que esa vez conseguimos calmarnos las dos, sin esconder los sentimientos de enfado, solo dejándolos fluir como un río tranquilo en lugar de un tsunami.


Imagen: Rabieta. Fuente: Eduardo Millo /Flickr

 

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Sobre el autor

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Gestionando hijos es un proyecto cuyo objetivo es colaborar con madres y padres en su labor educativa. Uno de los pilares fundamentales de una buena sociedad es apoyar la tarea de las madres y padres que lideran los hogares y la educación de sus hijos. Por eso, queremos acompañarles en este apasionante viaje educativo, aportando ideas, reflexiones y estrategias que les ayuden a conseguir ese objetivo, que entendemos que es el de todos. Esperamos que también el tuyo :)