El diálogo tónico: la primera relación con el mundo del bebé

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El diálogo tónico: la primera relación con el mundo del bebé

¿Qué es el diálogo tónico?

La primera relación que el bebé tiene con el mundo exterior es con la madre o con el padre, y el diálogo tónico que establezcan entre ambos será el preludio para construir un bagaje emocional y afectivo consistente y fuerte.

El psicólogo Henri Wallon definió este diálogo como el “conjunto de intercambios mediatizados por el modo en que el niño es sostenido por el progenitor y la manera en que el bebé responde a ello, produciéndose una interacción entre las posturas de ambos y el tono muscular resultante”.

Durante el primer año de vida, el niño/a transmitirá su estado de ánimo o su placer hacia algo a través de su tono muscular, es decir, con su hipertonía (contracción del músculo), mediante la cual expresará una carencia o necesidad, o con su hipotonía (relajación), que mostrará su satisfacción y seguridad.  

Un niño con una hipertonía estará ligado a una contracción de sus miembros, de las manos y párpados, su respiración se bloqueará y llorará con fuerza. En el caso contrario, cuando sus necesidades están satisfechas a través del contacto con la piel de la madre, de la lactancia, de su olor… conseguiremos que se sienta relajado y que se mejore su capacidad receptiva y emisora. El adulto también se sentirá mucho más relajado, siendo ahí el momento de potenciarlo con sus modulaciones tónicas, caricias, palabras, voz, etc.

¿Cómo influye el diálogo tónico en los bebés?

Cuando se establece una conexión entre la madre o el padre y el niño/a a través de la satisfacción de necesidades, se producen transformaciones tanto en el adulto como en el niño. El primero en sentir ese cambio en el tono del otro, consigue relajarse. Se modula el diálogo tónico entre ambos por medio de la voz, la postura del cuerpo a la hora de cogerlo en brazos, etc.

Estas transformaciones que sufren quedan grabadas en el cuerpo del bebé de manera inconsciente, ya sean positivas o negativas. Con respecto a las positivas, el bebé guarda en su cerebro el olor, los movimientos, la mirada, la temperatura, etc., pero con las negativas pasa lo mismo que cuando no ve satisfecha su demanda, es decir, experimenta la frustración, grabando así el sufrimiento en determinadas zonas de su cuerpo, impidiendo conseguir experiencias de placer.

El diálogo tónico es el primer espacio de cambio que experimentamos, es el primer momento donde sentimos placer, satisfacción, necesidad e incluso frustración. Aunque pensemos que es algo primario, dicho mecanismo no desaparece a pesar del tiempo, pues sigue muy presente en nuestras relaciones sociales. Pensemos en nosotros mismos, cómo nos afecta una caricia expresada con amor en el momento adecuado o incluso cómo somos capaces de externalizar la frustración, el estrés y la ira a través de dolencias en nuestro cuerpo.

Cuidar nuestros buenos tratos, la forma en la que nos relacionamos y nos comunicamos con nuestros hijos durante los primeros años de vida, por lo tanto, será clave para su posterior desarrollo emocional y afectivo.

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Sobre el autor

Silvia Sánchez Ovejero
Silvia Sánchez Ovejero
Como educadora infantil y pedagoga pasé toda mi infancia jugando a ser maestra, me fascinaba la idea de ser un referente para alguien y preparar mis clases. Años después, ese rol pasó a ser realidad. Desde ese momento sentí la necesidad de compartir con el mundo todas mis ideas, porque la educación, si no se comparte, no llegará a ser transformadora.