¿De qué hablamos cuando hablamos de inclusión?

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¿De qué hablamos cuando hablamos de inclusión?

Hola, mi nombre es Sonia, soy mujer, madre, comunicadora y luchadora y, como decía la canción “soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”. Sí, olvidaos, nadie o casi nadie lucha o protesta porque sí, siempre hay un motivo. Hoy me asomo a esta ventana para invitaros a reflexionar , si tan sólo consigo eso, ya me daré por satisfecha.

Para ello os invito a seguirme en una experiencia, os propongo un claro ejercicio de empatía para que intentéis situaros en el lugar de otro. Imaginaos que llegáis a un país en el que sois el único o la única que puede ver. Todo está pensado para personas ciegas, por lo que no hay bombillas, ni carteles indicadores, ni luz artificial de ningún tipo, ni libros impresos con letras. Os resultaría imposible realizar ningún trámite administrativo sin pedir ayuda (presuponiendo que no conozcáis el braille) ni tan siquiera podríais comprar productos en el supermercado sin preguntar a alguien qué pone en las etiquetas, por ejemplo. Cuestiones tan cotidianas y que nos parecen ahora tan sencillas como esa se convertirían en retos a veces  casi insuperables, mucho más si no os encontráis con la ayuda, el apoyo de algún buen samaritano o samaritana.

Si habéis conseguido superar este ejercicio, enhorabuena, tenéis medio camino andado para poder entender minimamente lo que les sucede a niños y niñas como mi hija día a día en el parque, en el médico o en el cole. Pequeños y pequeñas con dificultades a veces muy importantes para ver, para oír o entender y procesar lo que sucede a su alrededor y que muy pocas veces se encuentran con una realidad adaptada a ellos y ellas o, cuando menos, con la predisposición para acercarse a su mundo.

Estoy segura de que algunos de vosotros a estas alturas en el fondo de vuestra cabecita habréis pensado (porque somos humanos y los preconceptos, las etiquetas, son difíciles de eliminar de un día para otro) “sí, esos pobres niños se merecen ayuda, pero no quiero que eso perjudique a mis hijos ni retrase sus progresos en el cole”. Bien, lo entiendo, yo hago el esfuerzo, trato de ponerme en vuestro lugar y a veces lo consigo, yo también tengo un hijo al que llamaríais “normal”, pero la experiencia y esa vida, ese mundo que me ha hecho rebelde, me ha enseñado que la inclusión es uno de los mejores valores que se pueden inculcar a nuestros hijos, a TODOS ELLOS en el cole, en casa, en la vida. Porque sólo entre todos y todas podremos construir un mundo en el que todos y todas cabemos. Porque nuestros hijos podrían tener cinco carreras universitarias y ser seres mezquinos e infelices. Porque el nivel de desarrollo de una sociedad y de sus instituciones se puede medir perfectamente por su forma de incluir o excluir a las personas con diversidad funcional. Porque todos y todas podemos aprender mucho de los demás. Porque todos y todas tenemos nuestras limitaciones, tampoco lo olvidemos. Porque esos “pobres niños” suelen ser ejemplos de lucha de vida, en algunos casos desde su nacimiento y no podemos perder ese impulso.

Nuestra sociedad no se puede permitir el lujo de prescindir del potencial de seres humanos como mi hija, o como Arturo, o Erik, o Lucía, o Martín, o Iker, o Helena… o tantos tantos niños increíbles que a veces se encuentran con que la inclusión es sólo una palabra, un sueño. Pero no nos olvidemos que, entre todas y todos, los sueños pueden hacerse realidad.

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Sobre el autor

Sonia Hermida
Sonia Hermida
Soy periodista con una iniciativa emprendedora sobre el mundo infantil ahora mismo, además de madre de dos peques únic@s e intento sobrevivir de la forma más feliz que puedo en este mundo :) Mi web es www.omundoaoreves.com Mi blog personal es www.destinooz.blogspot.com.es,