Crecer en familias homoparentales: una mirada a la investigación científica

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Crecer en familias homoparentales: una mirada a la investigación científica

Convertirse en padre o madre significa mucho más que concebir, pues trasciende a ello, y se extiende a la intención y el deseo de serlo, y de desempeñar el rol durante toda la vida. La investigación científica ya ha demostrado que no es necesario un vínculo genético ni relacionado con la gestación para el bienestar psicológico de la descendencia.

Se trata, por lo tanto, de un proceso que implica la puesta en marcha de múltiples recursos y habilidades personales, donde personas adultas deciden responsabilizarse de la crianza y el cuidado infantil, así como de atender las necesidades afectivas y emocionales, al margen del estatus legal o del vínculo sanguíneo que compartan.

Hoy en día no es necesario tener relaciones sexuales, ni tampoco vivir en pareja para formar una familia. La adopción y las técnicas de reproducción asistida permiten que cada vez más personas puedan alcanzar la paternidad o maternidad, tanto en solitario como con otra persona. Todo ello, junto con los cambios legislativos y los avances en derechos sociales como el divorcio o el matrimonio igualitario ha llevado a la aparición de nuevos modelos de familia, entre los que se encuentran las familias homoparentales.

Las familias homoparentales

Estas familias se conforman de diversas maneras: los hombres que viven en pareja, a través de la adopción o la acogida, por medio de un acuerdo de coparentalidad, o a través de la gestación por sustitución (conocida como gestación subrogada). En el caso de las mujeres que mantienen una relación afectivo-sexual, a las posibilidades mencionadas, se suman la inseminación artificial por donación y la fecundación in vitro con recepción de ovocitos de la pareja. Esta última es una técnica de reproducción asistida, conocida como método ROPA, y procedimentalmente similar a la gestación por sustitución o subrogada.

Antes de la aprobación del matrimonio igualitario en España, hace ya 15 años, había división de opiniones respecto a la idoneidad de crecer en familias cuyos progenitores fueran del mismo género. Se argumentaba que podrían producirse problemas psicológicos en la descendencia. Sin embargo, los datos de investigaciones científicas recientes no lo avalan, y ponen de manifiesto que las preferencias afectivo-sexuales de los progenitores no repercuten en el desarrollo psicológico de la descendencia.

Consecuencias psicológicas

Es más, la evidencia científica apunta a que, cuando hay diferencias entre estos menores y los que han crecido en familias heteroparentales, son en positivo, pues son más flexibles mentalmente y tienen una mayor empatía y sensibilidad hacia los demás. No tienen roles de género tan marcados y estereotipados, y cuentan con ideas más flexibles sobre el género y la sexualidad, lo que repercute en el respeto hacia los demás y la aceptación de la diversidad y, por extensión, en su libertad y felicidad.

Por lo tanto, crecer en un modelo de familia diferente al tradicional no repercute negativamente en el bienestar psicológico infantil. La dinámica de las relaciones que se dan en el seno familiar, como la solidez y calidad de los vínculos y la ausencia de violencia y estrés son mucho más importantes. Se hace así necesario que se brinde un entorno familiar basado en el amor y el apoyo y que ofrezca seguridad y protección.

Las investigaciones científicas también nos muestran que estos menores no tienen dificultad en sus relaciones sociales ni con su grupo de iguales, pues cuando aparece algún rechazo está más vinculado al estigma y a los prejuicios que algunos progenitores siguen transmitiendo a sus hijas e hijos. La discriminación social percibida hacia los progenitores, guarda relación con los aspectos socio-culturales de cada país, con la homofobia y con la forma de acceso a la maternidad y/o paternidad. Así, por ejemplo, el hecho de tener dos padres o dos madres ha sido estigmatizado por grupos religiosos conservadores.

Otro ejemplo sería la gestación por sustitución o subrogada, cada vez más utilizada por hombres que viven en pareja o que deciden alcanzar la paternidad en solitario, que también ha sido criticada y estigmatizada por estos grupos conservadores y por una parte del feminismo, coincidiendo en las argumentaciones.

Ambas corrientes ideológicas y/o religiosas criticaron también en los años 80 la fecundación in vitro, empleando planteamientos similares, con las repercusiones que ello suponía para las niñas y niños nacidos mediante esta técnica de reproducción asistida, a los que se llegó a llamar “niños probeta”. Hoy en día es una técnica totalmente aceptada y empleada por una parte importante de la población, sobre todo por miles de mujeres que han postergado la maternidad para poder desarrollar su carrera profesional o porque así lo han decidido.

Pero esta forma de “marcar” y poner etiquetas es la que realmente crea estigmas, y repercute en el desarrollo psicológico y el bienestar de nuestras hijas e hijos. Algunos partidos políticos han llegado, incluso, a realizar afirmaciones que podrían atentar contra el bienestar de los menores, y ser consideradas, por lo tanto, de bullying.

Sin embargo, tal y como estamos viendo, los estudios científicos, cada vez más numerosos, apuntan que, el hecho de que ambos progenitores sean del mismo género no afecta negativamente al desarrollo psicológico ni al bienestar de la descendencia. Del mismo modo, también la ciencia apunta ya a que, cuando el proceso de gestación por sustitución está convenientemente regulado, es garantista para todas las partes implicadas (gestantes, madres y padres y descendencia) y vela por los derechos de todas las partes implicadas, no tiene ningún efecto negativo sobre el funcionamiento de la familia ni el bienestar psicológico del menor. Todo lo contrario, es una fuente de felicidad tanto para la gestante que libremente decide ayudar a una hija, una hermana o, incluso, una desconocida, como para las madres y/o padres de intención. Y por supuesto para las niñas y niños que han nacido gracias al proceso.

Por otra parte, los datos recopilados también muestran que la explicación temprana a los menores sobre sus orígenes y su concepción, tanto en el caso de las adopciones, como cuando se ha recurrido a las técnicas de reproducción asistida con donación, es siempre positiva para el desarrollo psicológico. De hecho, si los progenitores son capaces de aceptar y apoyar emocionalmente la expresión de los pensamientos y sentimientos de su descendencia, facilitarán la integración de sus identidades y, por lo tanto, contribuirán a su desarrollo positivo y felicidad.

Al margen de las consideraciones éticas sobre las vías posibles para concebir, las familias homoparentales son cuidadosamente planificadas y deseadas, pues deben pasar procesos psicológicos complicados para tener descendencia, especialmente en el caso de los hombres que mantienen una relación afectivo-sexual. La capacidad de transitar por estos procesos, el alto nivel educativo, y el ferviente deseo de ser padres y madres, contribuye a que los hogares homoparentales sean entornos llenos de amor, seguridad y comunicación donde la resolución de conflictos se realiza de manera positiva.

Resulta, por ello, fundamental, educar en diversidad en los contextos comunitarios, como centros escolares y asociaciones juveniles, con el fin de sensibilizar sobre la importancia del reconocimiento de los distintos modelos de familia, ya que es precisamente la discriminación y el estigma social lo que compromete el bienestar psicológico de cualquier menor.

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Sobre el autor

Luis Moya Albiol y Raquel Company Martinez
Luis Moya Albiol y Raquel Company Martinez
Raquel Company Martínez: psicoterapeuta y especialista en protección de menores y en atención a la familia y a la infancia. Luis Moya Albiol: catedrático de Psicobiología, Universitat de València.