Mónica Mendoza: “Hay cosas que no se negocian con nuestros hijos”, Mónica Mendoza.

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Mónica Mendoza: “Hay cosas que no se negocian con nuestros hijos”, Mónica Mendoza.

Mónica Mendoza nos habla sobre cómo mejorar la comunicación con nuestros hijos

Seguro que muchas veces te pasa que ves a tu hijo callado o medio enfadado y no sabes por qué; temporadas en las que dices “¡si es que no me cuenta nada!” Estás harta de decirle que recoja su habitación y de tener que meterle prisa por las mañanas porque ¡siempre vais tarde! En la mayoría de los casos, el problema está en la comunicación. Si mejoramos la manera en que nos comunicamos con ellos, si lo hacemos de manera más efectiva, si les ayudamos a gestionar sus estados de ánimo, etc., lograremos cambiar estas situaciones. Sobre esto hemos estado hablando con Mónica Mendoza y nos ha dado trucos muy buenos sobre cómo mejorar la comunicación con nuestros hijos.

Mónica Mendoza es psicóloga y experta en ventas, conferenciante y autora de dos libros, Lo que no te cuentan en los libros de ventas y Píldoras de motivación para comerciales y emprendedores.

  • Mónica, si nuestro hijo se ha levantado un día con el pie izquierdo, ¿qué podemos hacer para animarle o quitar esa negatividad?

Lo mejor que podemos hacer, según mi opinión, es relativizar e ignorar momentáneamente ese “arranque”, puesto que si le decimos: “¿Por qué estás así?” “Estás muy negativo, ¡cambia de actitud!”, le estamos dando nuestra atención y posiblemente añadiendo más leña al fuego. Todos (nosotros los adultos también) tenemos esos momentos y tenemos que ser comprensivos. Una vez que nuestro hijo esté más tranquilo, podremos hablar tranquilamente con él, preguntarle si hay algo que le preocupa, le podríamos decir que le hemos notado muy negativo y ofrecerle nuestra ayuda si necesita algo. No desde la crítica, sino desde la ayuda y la colaboración. Y evidentemente con un tono de voz relajado y armonioso, así nuestro hijo asocia que se pueden resolver los “conflictos” de manera pacífica. 

  • Hablas de los motivators, los vegetators y los negativators, ¿nos explicas esta idea?

Es una teoría que me explicó un profesor al cual admiro y respeto mucho: Marcos Urarte. Él me dijo que en la vida en general existe un 18% de gente muy optimista y con ganas de hacer cosas, que te anima, que te nutre, que enriquece. Son los denominados “motivators”. Un 60% de “vegetators”, personas que no destacan, que no se “mojan”, que viven para y por ellos, que si les pides un favor te lo recuerdan, etc. Pero hay un perfil “peor”, un 22% de “amargators”. Son aquellas personas negativas que te transmiten mala energía, que acostumbran a pensar mal, que si les explicas que estás feliz porque te has enamorado, te dicen que eso solo ocurre el primer año; o que si les dices que tu hijo adolescente está teniendo muy buena conducta, te dicen: “ya se te torcerá”. Seguro que los lectores reconocerán estos tres patrones en gente de su entorno (y en ellos mismos). Tenemos que vigilar, ya que a veces nosotros con nuestros problemas y tensiones somos “negativators” en casa (solemos manifestar más lo malo con la gente de confianza), y esa energía negativa se contagia entre las personas con mucha facilidad.

  • Una situación muy típica. Es por la mañana y vamos tarde, como siempre. ¿Qué puedes hacer para que se dé prisa sin decirle siempre “Venga, date prisa” o “Corre”?

No hay nada mejor que la prevención, es decir, si sabemos que el niño tarda en desayunar porque come lentamente, levantarlo antes para no llegar tarde. Si sabemos que al niño le cuesta despertarse, acostarlo (o que se acueste) antes.

Si aun así llegamos tarde, dependiendo de la edad, una opción es simular que es un juego, una competición. Los niños casi siempre están abiertos a los juegos, les apasionan. “A ver quién de los dos se pone antes los zapatos”.

  • ¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos nos cuenten cosas, para que se comuniquen más con nosotros? ¿Nos puedes dar algunos trucos?

Si nosotros no le contamos cosas del trabajo (entendedme, según la edad unas cosas u otras), no hemos trabajado previamente que haya interacción en ese aspecto. Así que deberíamos empezar nosotros explicándole algo de nuestro trabajo y luego preguntarle a él/ella que nos diga algo que le haya pasado en el cole ese día, por ejemplo.

A mi hijo le dije: “Nicolás, te voy a explicar algo de mi trabajo”, y me inventé esta anécdota porque hay que reconocer que a los adultos no siempre nos pasan cosas divertidas que le hagan reír a un niño. “Hoy llevaba un café en la mano y un chico que es muy travieso en mi trabajo me puso la zancadilla y resbalé, y no me caí, pero se me cayó gran parte del café. ¿Pero sabes dónde cayó? ¡¡En la pierna del chico!! Y se fue corriendo a ponerse agua porque el café estaba quemando”. Mi hijo se puso a reír (seguro que vio la escena en su mente) y ademas aproveché para realizarle una asociación de ideas del tipo “si eres poco respetuoso con los demás, al final te suceden cosas malas”.

  • ¿Consideras que, en general, en las familias, hay buena comunicación?

Creo que un nivel de comunicación mejorable. No lo justifico, pero hay que tener en cuenta que el día a día (al menos en las grandes ciudades) es muy competitivo y agotador. Si trabajas de 9 a 19 horas en Barcelona o Madrid, por ejemplo, y no vives al lado del trabajo (que es lo más común) se tarda mínimo una hora en llegar, más las ocho horas de trabajo (que la mayoría de veces son más horas), más una hora o dos de vuelta… Total, que los padres han salido de casa a las 7 de la mañana y han llegado a las 8 de la noche agotados en muchos casos. En los pueblos y pequeñas ciudades creo que hay más calidad de vida, los pisos o casas son más baratos, los desplazamientos son rápidos y la gente se conoce y ayuda más entre ellos e interaccionan mucho más.

Considero que hay mucha obsesión hoy en día por que haya comunicación. Yo destacaría la calidad de la comunicación y la conexión emocional con la persona con la que te comunicas. Eso llena y alimenta el alma más que no comunicar por comunicar. Por desgracia esa conexión emocional no se da en todos los padres-hijos por mucho que pensemos que debería estar en el ADN.

  • Hablas del concepto coste-beneficio. ¿Cómo le damos la vuelta y hacemos que algo como recoger la habitación a nuestro hijo le suponga un beneficio importante? (teniendo en cuenta lo que le va a costar).

Hay que tener en cuenta que hay cosas que no se negocian. Recoger la habitación debería estar entre sus tareas diarias o semanales, de la misma manera que nosotros tenemos que procurar que no le falte comida en la mesa. Si aun así nos cuesta mucho que lo haga, hay que intentar persuadirles con la fórmula beneficios-costes. Es decir, que de alguna manera vea más beneficios al hacer la cama que no el esfuerzo que le supone hacerla. Dicho de otra manera, si no hay motivación intrínseca habrá que trabajar la extrínseca.

  • ¿Tenemos que negociar más con ellos?

En este aspecto observo bastante polaridad. Padres bastante taxativos, rígidos y poco flexibles, y el otro extremo, padres débiles que a la primera de cambio dejan al niño hacer lo que quiera (por ejemplo: “voy a recoger yo la habitación que la hago más rápido que él  y ya estoy cansado/a de repetírselo”). Observo que vamos de un extremo al otro. Yo le haría un listado por escrito y se lo enseñaría al niño diciéndole las cosas que NO se negocian, las que sí, y si se negocian a cambio de qué. Es decir, si en algún momento, durante esa semana  o mes, negociamos que no recoge la habitación, qué hará a cambio. Se llama concesión por concesión. Yo te realizo una concesión pero a cambio de otra cosa. Si no lo hacemos así, una concesión puntual se acabo volviendo un derecho adquirido.

 

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Sobre el autor

Ana Nieto
Ana Nieto
De pequeña jugaba a las profesoras. Ponía a mis muñecas sentadas encima de la cama, una cartulina negra en la pared clavada con una chincheta y me convertía en la profe más guay del “colegio”. O eso me creía yo. Luego me hice periodista porque me gusta escribir y contar historias. Me interesan mucho los temas sociales, la educación, la igualdad de género y creo firmemente que entre todos podemos construir un mundo mejor (o al menos mejorar un poquito el nuestro).

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