10 herramientas para cultivar la inteligencia emocional de tus hijos, por Begoña Ibarrola

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10 herramientas para cultivar la inteligencia emocional de tus hijos, por Begoña Ibarrola

Solemos relacionar el concepto de inteligencia con la capacidad de las personas de aprender, memorizar, recordar, calcular o llevar a cabo una determinada actividad con éxito. De esta manera, tendemos a entender la inteligencia como algo puramente racional, dejando a un lado su vertiente emocional y todo lo que ello conlleva. Sin embargo, la inteligencia emocional supone un arma clave para fomentar la empatía, mejorar las relaciones interpersonales y comprender mejor nuestro comportamiento y el de las personas que nos rodean.

Es por esto por lo que Begoña Ibarrola, psicóloga y experta en educación emocional, insiste en la importancia de cultivar la inteligencia emocional de nuestros hijos e hijas, así como la nuestra propia, ya que apunta que “las investigaciones de Goleman demuestran que el 80% de las habilidades que tienen que ver con el éxito personal y profesional tienen más que ver con competencias emocionales, que con competencias cognitivas”.

Teniendo en cuenta la importancia que puede llegar a tener la educación emocional en el desarrollo de nuestros hijos, no podemos perder de vista las herramientas que Begoña Ibarrola nos ofreció en el último webinar en directo, herramientas que, junto con el trabajo y esfuerzo diario, proveerán a nuestros hijos de determinadas habilidades que les ayudarán a gestionar y manejar sus emociones de manera satisfactoria.

Las claves de la educación emocional:

  1. Aprender a conocer y nombrar las emociones. Es importante que nuestras hijas e hijos les pongan nombre a sus emociones y entiendan que todas son legítimas. De esta manera, Begoña Ibarrola explica que “si empiezan a aprender un mínimo vocabulario emocional, ya están empezando a controlar sus emociones”. De esta manera, Begoña añade que “pasar de una rabieta cuando el niño no sabe hablar a que diga que está muy enfadado ya es una diferencia notable”.
  2. Aprender a conocerse y a quererse. Para aplicar esta herramienta, Ibarrola insiste en que los padres tienen que comprender que hasta los seis años la autoestima no es “auto”, es decir, la estima que tienen nuestros hijos sobre sí mismos se basa en lo que les decimos los padres y demás personas de su entorno. Por ello, hay que animarlos a que se enfrenten a retos, ayudar a que descubran sus puntos fuertes y los débiles, en definitiva, que se valoren y se quieran para asumir su propio poder, pero reconociendo también sus errores.
  3. Aprender a manejar la frustración. Los niños tienen que, por una parte, aprender que existen distintas formas de enfrentarse a las frustraciones y, por otra, asumir que todo no está en sus manos. Para entender este punto, Begoña Ibarrola lo ejemplifica con un caso práctico: imaginemos que nuestra hija quiere ir a la montaña el fin de semana con sus amigas, pero llueve mucho y no es buena idea. En esta situación, habría que decirle a nuestra hija que no controla el tiempo, que entienda que es algo que escapa a su competencia, y tener siempre en mente un plan B por si el plan principal no se puede llevar a cabo.
  4. Aprender a regular sus emociones. Esto no quiere decir que haya que reprimirlas, se debe permitir que las emociones se expresen sin que nuestros hijos exploten, es decir, encontrar un término medio entre no hablar de sentimientos y expresarlos de malas maneras. En el caso de que nuestro hijo tenga una rabieta, es importante no permitirle el capricho (porque asimilará que teniendo esa reacción acaba consiguiendo lo que quiere), pero nuestra negativa tiene que basarse en la serenidad y no en la descalificación.
  5. Aprender a entrar en calma. Es necesario que sepan relajarse y autocontrolarse tras un enfado. Begoña Ibarrola insiste en la importancia de que nuestros hijos e hijas aprendan a volver al equilibrio después de un momento de caos, y destaca las técnicas de relajación, los hobbies, el contacto con la naturaleza… como elementos de prevención para el autocontrol, no solo útiles para los niños, sino también para los adultos.
  6. Aprender a pensar en positivo. Si enseñamos a los niños a tener una actitud optimista, a ver el vaso medio lleno “van a ser muchísimo más felices, pero además también van a estar más sanos, porque está demostrado que las personas optimistas viven más”. Pero no solo eso, las personas optimistas también suponen un “chute de vitaminas” para quienes les rodean.
  7. Aprender a resolver conflictos. Begoña Ibarrola propone distintos consejos para conseguir este objetivo. En primer lugar, enseñar a nuestros hijos a que no hay que tener miedo a los conflictos, que estas situaciones no son patológicas, que se trata de momentos de crecimiento que se pueden aprovechar para adquirir enseñanzas. En segundo lugar, es importante distinguir la magnitud del problema y ayudarles si se trata de algo que no pueden solucionar por sí mismos. También es importante poner el foco en las soluciones para evitar que nuestros hijos empiecen a darle vueltas al problema y acaben haciéndolo más grande de lo que es. En este sentido, cobra mucha importancia el dialogo como herramienta clave para la resolución de conflictos, así como que también nos vean a los adultos resolviendo situaciones conflictivas del día a día y nos tomen como ejemplo.
  8. Aprender a ser asertivo. La asertividad es una habilidad muy importante, que se puede entrenar, y que consiste en comunicar lo que pensamos sin ponernos por encima o herir a los demás. Esto implica saber decir que no, aprender a no ceder a la voluntad de los otros, pero también significa asumir las consecuencias que se puedan derivar de cada decisión tomada. Begoña Ibarrola defiende la importancia de ser asertivo pero advierte de que esta cualidad está condicionada por la autoestima que tienen nuestros hijos, pues “si no se quieren, si no se valoran, es muy difícil que sean asertivos”.
  9. Aprender a ser empáticos. Ser capaz de ponerse en el lugar del otro, comprender las razones que motivan a las personas y ser sensible a las necesidades de los demás es una cualidad clave para la prevención de la violencia. No obstante, a veces los niños son capaces de sentir empatía por personas lejanas y ser muy solidarios, pero en cambio son crueles con su amigo o con su hermana. Esto se debe intentar evitar mediante el proceso de aprendizaje de la empatía, enseñando a los niños y niñas a que se den cuenta de los gestos, el tono de voz de los demás, su expresión…, y así sepan cuándo está su amigo sufriendo o cuándo alguien necesita su ayuda.
  10. Aprender el mapa de la vida. Begoña Ibarrola explica esta última herramienta poniendo el foco en que nuestros hijos tienen que marcarse una hoja de ruta, unos objetivos, tienen que averiguar qué les gusta y qué quieren hacer en el futuro. “Yo te enseño el mapa, tú transitas por el territorio”, asegura Ibarrola.

Estas son las herramientas que nos propone Begoña Ibarrola para educar y cultivar la inteligencia emocional de nuestros hijos e hijas. Si te interesa saber más sobre el tema o te han quedado dudas al respecto, aquí te dejamos la conferencia completa con ronda de preguntas de padres y madres incluida:

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Sobre el autor

Marina Borras
Marina Borras
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política principalmente porque me apasiona escribir, siento la necesidad de hacer llegar a la gente temas que considero importantes y no consigo estar callada ni cuando duermo. Y además, creo firmemente que el periodismo es educación y la educación es política, por eso entiendo estos tres ámbitos como piezas clave que deben ir entrelazadas para conseguir, entre todos, la mejora de nuestra sociedad.