Carta a los que se quejan de los profesores

Una madre del cole me ha dicho que mi hijo fuma porros
Ponencia Pedro García Aguado Gestionando hijos
Los peligros de la exposición a Internet en los más jóvenes, por Pedro García Aguado

Carta a los que se quejan de los profesores

Estimada madre, estimado padre de hijos escolarizados y que te quejas de la calidad, formación, actitud de los profesores: 

Comparto contigo esta carta porque hace unos días unos amigos se quejaron abierta y resentidamente de lo mismo que te quejas tú. Narraron algunos momentos de relación con profesores que, a su juicio, son suficientes para estigmatizar al colectivo. 

Según alguno de los presentes, “no había razón para conceder ningún privilegio, concesión a los profesores puesto que son otro colectivo más. Si quieren ser reconocidos, deben merecérselo”. A juicio de estos amigos había demasiados profesores muy malos como para concederles ningún tipo de franquicia. Otro comunicó su experiencia negativa observando que “algunos profesores te reciben de uñas, con poca afabilidad”. 

Conocedores de mi firme defensa del colectivo, me exigieron alguna respuesta y acción. Les hice saber algo obvio,  que parece que se nos olvida (de igual manera que con los médicos): hay muchos profesores y es normal que algunos de ellos sean malos. Les pregunté si conocían algunos profesores muy buenos. Todos ellos me contestaron que sí. Su énfasis, por tanto, estaba puesto en los malos, no en los buenos. 

Nos interesa mucho ayudar a los profesores, incluso a aquellos que no se hayan actualizado o sus capacidades docentes estén mermadas. Quizás a estos son a los que más nos interesa ayudar pero, en cambio, nos dedicamos a criticarlos ferozmente, a enfrentarnos con ellos. Esos profesores no se van a ir del colegio porque muchos de ellos llevan muchos años y estarán esperando – como cualquier persona normal – que llegue su edad de jubilación para retirarse. “Es  inteligente ayudar a esos, supuestamente, malos profesores que van a seguir educando a muchos niños y jóvenes”, les dije a mis amigos. “Lo contrario es estúpido, hará daño a todos, y sobre todo a nuestros hijos, sus alumnos”, les insistí.

¿Y cómo hacemos eso?, me preguntaron con cierta agresividad, en posición de lucha dialéctica, sin aparente voluntad de encontrar una solución. 

“Nuestra misión es crear el clima de confianza y motivación para que los profesores puedan ofrecer la mejor versión de si mismos. Ese profesor que te recibió de uñas es probable que no sepa ni pueda distinguir a las madres y padres que quieren culpar al profesor de sus propias incompetencias de aquellos que vienen de buenas. Así pues, exagera, exagera mucho. Exagera tu aprecio por su trabajo, exprésale explícita y abiertamente tu colaboración, ten paciencia con sus posibles defectos, prepárate la reunión con él o con ella. Tu misión – métetelo en la cabeza- es propiciar que el profesor se sienta seguro, que encuentre sentido a lo que está haciendo. Muchas madres y padres hacen todo lo contrario, desmotivan, producen inseguridad, malestar” les dije con el deseo que de mis palabras se desprendiera una crítica ante su actitud. “Solo podemos y debemos expulsar a los profesores que son malos como personas, que denigran su propia profesión, que no merecen bajo ningún concepto ejercerla y que el resto de profesores de su claustro también desea verles lejos de su centro educativo” 

¿Y qué más? ¿No nos dirás que esa es la única clave para mejorar la calidad de nuestro profesorado? me inquirieron 

Eso es lo que está en nuestras manos y que puedes aplicar en el día a día. Si, entre todos, creamos esa relación positiva y constructiva, habremos ganado mucho. Además, debemos sugerir a la escuela que ayude a los profesores a ser mejores a través de su formación, de proveerles del mejor contexto posible. Debemos reclamar a las administraciones públicas más sentido común y confianza en su relación con las escuelas, dinero mejor invertido, más formación para los profesores, conseguir hacer más atractiva la profesión” concluí. 

A aquellos que os quejáis de los profesores, os animo que dejéis de hacerlo. Y os pido que animéis a otros a dejar de hacerlo.  

Empieza hablando de los buenísimos profesores que vuestros hijos han tenido. Continua preguntándote qué has hecho tú para ayudar a los profesores, al colegio o instituto de tus hijos para que sea mejor. Haz que en tu colegio se respire que hay un verdadero Equipo Educativo. 

 

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Sobre el autor

Leo Farache
Leo Farache
Nacido en Madrid, ya no cumplirá los 50 años (es de la añada del 63). Su vida profesional ha estado ligada al mundo de la comunicación, gestión, marketing. Ha dirigido algunas empresas y escrito dos libros (“Los diez pecados capitales del jefe” y “Gestionando adolescentes” Ejerce de profesor – lo ha sido de la Universidad Carlos III y de la UAM, actualmente da clases en ESAN (Lima) y ofrece conferencias – “una profesión que nos tenemos que tomar todos más en serio”. Es padre de tres hijos y ha encontrado en la educación su elemento. Quiere hacer lo posible por contribuir a mejorar la sociedad educativa. Da las gracias a Carmen por inspirarle en buscar nuevos rumbos para su vida, a Carmen (otra Carmen) por ayudarle en desarrollarlos y a su mujer, Virginia, por ser, entre otras muchas buenas cosas, tan generosa (“y aguantarme”)